Por fin, este sábado central de mayo, ha dejado de llover y luce un sol que alegra a todas las flores de mayo, que ya es decir, y que hoy más nos han llamado la atención: las flores de amarillo dorado de las genistas hispánicas o aliagas negrales, verdaderos cojines campestres de adorno; las amarillas fragantes en su pequeño cáliz de las retamas que adornan las carreteras navarras; las amarillas vibrantes de los botones de oro, que todavía se tienen en pie; las blancas de las ulmarias o reinas de los prados, con estambres más largos que los pétalos; las blancas y olorosas de las clemátides; las de las azulinas, o jazmines azules o jazmines de cielo…
Vamos a Codés, romería anual por estas fechas, este sábado de mayo, la víspera de la romería de los devotos de Aguilar de Codés. Y vamos por una ruta nueva para contemplar el milagro diseminado de la primavera, retrasada pero magnificada y rozagante por las constantes lluvias, como pocos años hemos podido disfrutar: Pamplona-Estella-Oco-Acedo, y, después, rodeando por la espalda el murallón de la Sierra de Codés, hayedal de primer orden por la cara norte, por Zúñiga-Santa Cruz de Campezo-Genevilla, y dándole la vuelta por el puerto de Aguilar, hasta llegar a Torralba del Río y poder mirarla de frente.
Encuentro el santuario de Codés, del que mucho he escrito, más, bello, más verde, más limpio que nunca, con el agua corriendo por todas partes. Y allí oramos, meditamos, comemos, sesteamos, cafeteamos y contemplamos, con la paz y la belleza rodeándonos por todas partes.
De allí volvemos sobre nuestro último trayecto hasta el cruce de Aguilar y seguimos hasta Lapoblación y Meano -nuestro extremo Oeste navarro-, bajo la Peña de Lapoblación, llamada El león dormido, esta vez sin recorrerlos, y nos contentamos con volver a ver desde su atalaya el panorama de luz y naturaleza, en pleno esplendor primaveral, de la Rioja alavesa y de la Rioja logroñesa, seguras y acomodadas bajo las almenas naturales y antiquísimas de la Sierra de Cantabria.
Bajamos por la carretera de Barriobusto, casi hasta el final del ángulo agudo que hace el mapa de Lapoblación-Meano entrando en el mapa alavés, entre los términos de Valderiz y Valdebuesa, y muy cerca de la muga entre Navarra y Álava, nos detenemos, porque aquí hemos topado con el castro de la edad del Hierro, llamado Las Ermitas, un espigón fluvial entre dos barrancos, a 733 metros de altura y con una superficie de más de 25.000 metros cuadrados.