Literatura y Política

Esteban Salazar y Chapela (Málaga, 1900 – Londres, 1965) fue un periodista y escritor pometedor dentro de la Generación del 27, que comenzó escribiendo en la exquisita revista malagueña Ámbito y después en revistas nacionales tan importantes como La Gaceta Literaria, la Revista de Occidente y en el mejor diario de entonces, El Sol, ideológicamente muy cambiante pero donde solían escribir muchos de los mejores escritores españoles. Allí conocí yo a Salazar Chapela. En los años posteriores a la guerra civil fue en Inglaterra, donde vivió, el auténtico novelista del exilio: Perico en Londres o Desnudo en Piccadilly son dos muestras fehacientes. Volvió a España en 1961, impelido por la nostalgia, pero no le gustó nada aquel país, donde, como tantos se sintió muy solo, y retornó al exilio, donde murió. Uno de sus artículos memorables en el diario madrileño (26 de abril de 1931), a poco de instaurarse la República , bajo la rúbrica general de Apuntes, se titulaba A buena política, mejor literatura. No viven en divorcio completo la literatura y la política, sostiene el escritor malagueño, y afirma como principio general: A buena política, mejor literatura. A mala política, peor literatura. Rememora el juicio de Heine, a quien no le sorprendía El Quijote en aquel momento histórico de España. La literatura española de los últimos diez años, según Salazar, ha sido la de un país políticamente deprimido. Pero, tras los años de la crisis de la última Restauración y de la Dictadura de Primo de Rivera, España acaba de iniciar una nueva época, acaba de recobrar el pulso. Ahora bien -termina Chapela- lo que en política es labor consciente en arte es operación espontánea. No se nacionaliza una literatura por voluntad colectiva, ni siquiera por voluntad de los propios escritores. Se nacionaliza una literatura cuando la vida nacional gana a los escritores.- La vida nacional, añado yo: el proyecto sugestivo de vida en común, en frase de Ortega, cuando lo común gana, contagia, impregna, nutre, vitaliza a los escritores, a los artistas, a todos los ciudadanos activos.