En el epílogo del lúcido libro de Josep Borrell y de Joan Llorach, Los cuentos y las cuentas de la independencia catalana, contundente alegato económico pero también cultural en favor de una Cataluña dentro de España, hay unas líneas finales, que, por su falta de autocrítica, merece la pena citarlas y denostarlas. España -escriben los autores- tiene un grave problema en su relación con Catalunya. La «conllevanza» orteguiana no es ya la solución, si es que alguna vez lo fue. La abúlica indiferencia y las desgraciadas declaraciones de ministros agravan el problema. ¡Alto ahí! Eso de España y Catalunya es como decir: Cataluña y Gerona. Pero vamos al grano. En estas pocas líneas aparece, cómo no, el socialista sectario, por muy Borrell que sea, que no puede menos que atacar entre líneas al PP, que bien se lo merece, pero sin la menor autocritica a los Maragall, Zapatero, Montilla y todo el PSC-PSC (PSOE), verdadera fuente de independenismo, como lo acabamos de ver, después de una política vergonzante y seguidista de ERC en unos Gobiernos comunes, junto con Izquierda Unida, y de eviitar durante años hasta la palabra España y español en sus textos orgánicos, y la bandera española, que… ahora la despliegan en un mitin electoral, con Sánchez en la tribuna,- ¡Hasta los mejores no pueden desprenderse de la tradición y de la moda del sectarismo partidista!