La primera Ilustración griega no vino a desterrar los dioses ni la primera teología, sino a ponerlos en el lugar debido. Platón, discípulo de Sócrates, reaccionó implacable frente a los poetas que atribuían a los dioses modos de vida de los hombres, con parecidos vicios y escándalos, cuando no todavía mayores, a la vez que reclamó unas «formas de teología» sobre Dios, dignas de Él. Su discípulo Aristóteles situó la «ciencia teológica» en el sitio más alto, como corresponde a la reflexión sobre el ser divino, junto a la matemática y la física, las tres «filosofías especulativas», «más nobles que las otras ciencias», siendo la teología la más noble de las tres.