«Gran figura de la civilización universal»

Era el 2 de febrero de 1932. Joaquín Beúnza, diputado carlista a Cortes por Navarra, ex diputado foral, doctor en derecho, abogado y economista, jefe de la minoría vasconavarra en el Congreso, defendía a la Compañía de Jesús, que por un decreto del ministerio de Justicia, acorde con el artículo 26 de la Constitución, de 1931, verdadero artículo de excepción, había sido disuelta y obllgada, en su mayor parte, por motivos de subsistencia, a salir de España, tras haberle sido confiscados sus bienes. En un discurso-río, interrumpido continuamente, decía don Joaquín: «… Y los navarros tenemos el orgullo de que, antes de estar formalizada la Compañía de Jesús, ya san Francisco Javier salió para Oriente, y en las Indias realizó aquella labor de civilización, de la que vosotros, españoles, podéis reíros si queréis, pero id a preguntar al Japón… (Rumores y risas. Un Sr. Diputado: ¡Cualquiera va al Japón ahora!) y alli comprobaréis que ésta es una gran figura de la civilización universal. Y ya que los demás, los de fuera de España, reconocen a este hijo de España como una figura preeminente de la historia y de la civilización, no tenéis vosotros derecho a mofaros, a reíros de esa gran figura… (Denegaciones). Y yo os digo… (El Sr. Altabás: LLevamos al Japón los problemas religiosos que nunca habían tenido). Yo le digo a S. S. que se trata de una gran figura que en el Japón es muy estimada. (El Sr. Altabás pronuncia palabras que no se entienden). Los jesuitas fueron expulsados de allí, pero después el Japón rectificó y volvieron. No hay error histórico de ninguna clase. (El Sr. Altabás: Provocaron en el Japón la primera guerra religiosa de aquel país). Los jesuitas fueron al Japón y yo le digo a este señor interruptor que todos los argumentos que me hace no sirven de nada, porque el hecho de que allí estén hoy los jesuitas es la demostración más clara de que no debieron salir entonces. (El Sr. Altabás: También volvieron a España ilegalmente después de su expulsión. Yo le digo que aquí, mientras haya monárquicos, habrá jesuitas. Continúan los rumores y las frecuentes interrupciones, que impiden oír al orador.)».