Prisionera en las calles que anuda mi deseo,
no eres quién a imaginar, no puedes,
a qué ha llegado mi verdad de ti,
estancia de la voz o aliento amurallado
donde afirmas la vida más allá de esta vida,
donde, fruto sumido al fondo del ramaje,
tú respiras o habitas de mi, aunque lo ignores.
Jordi Doce
Lección de permanencia, 2000