Harto de la batalla, con los pies doloridos
de andar sobre un osario, se detuvo
y cayeron sus armas y los brazos
alzó.
Me rindo, dijo, ha sido suficiente,
no puedo recordar el casus belli
que me condujo aquí, hace ya mucho tiempo
que no sé dónde está nuestro enemigo.
Su cabeza rodó
abajo,
porque la vida no hace prisioneros.
Javier Velaza
El Vencido