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En plena confusión

 

           Desembarcado  en las duras dunas de la política española, encuentro la confrontación más atroz que nunca y la más plena confusión en casi todos. No en el presidente del Gobierno,  que parece seguro de su reelección, dentro de la letra y espíritu de la Constitución. Pero, a estas alturas, su palabra no merece crédito alguno. Ayer la vicepresidente segunda del Gobierno hablaba de un amplio acuerdo social antes de una ley de amnistía, de la que enumeraba nada menos que tres clases (¡). Esta mañana, los tertulianos de la Cadena COPE se dividían entre la repetición de elecciones y la felonía mayúscula de Sánchez. Y ahora leo en El Confidencial a Rubén Amón poner su vista y sus variadas hipótesis en el único poder autonómico socialista de García Paje y en el parlamentario de sus 8 diputados a Cortes.

Así que para no navegar en balde por mares de especulaciones sin cuento, aguardaré muchos días antes de volver a la reflexión sobe el próximo Gobierno para no añadir confusión a la confusión, que en este caso quiere decir pena a la pena y zozobra a la zozobra.

Pepe Domingo Castaño

 

             No me imagino, en verdad, cómo voy a poder oír los pocos  partidos de fútbol que oigo y seguir  los Tiempos de Juego con que me entretengo a veces, sin los anuncios cantados, sin las risas, sin la alegría descorchada de un hombre tan deportivamente vital como Pepe Domingo Castaño…

En Portugal (XIII)

 

Mata do Bussaco

 

Los frailes carmelitas descalzos portugueses,
reformados y reformadores,
sabios expertos en cuestión de soledades,
eligieron en 1628 el bosque de Bussaco
Mata do Bussaco-,
parte de la Sierra del mismo nombre,
de 547 metros de altitud,
cerca de Coimbra,
donde un viejo monasterio, siglo VI,
de la preclara Orden de San Benito,
rodeado de pinos, cipreses, robles y encinas,
y allí levantaron un ascético convento carmelita
en lo que ellos llamaron desierto,
según sus prístinas y santas tradiciones.

Con tiempo y trabajo
extendieron aquella lejana y barata propiedad
hasta 400 hectáreas,
la cercaron de una tapia de piedra de 5.750 metros de perímetro,
cultivaron feraces tierras de labor,
diseñaron y plantaron jardines.
levantaron once ermitas en todo el territorio,
trazaron un bello vía-crucis,
abrieron sendas y caminos,
alumbraron fuentes, eligieron miradores,
y, sobre todo,
con la ayuda de todas los conventos carmelitas del mundo,
trajeron a Bussaco setecientas especies arbóreas,
muchas no conocidas en Europa:
abetos del Himmalaya,
eucaliptos de Tasmania
alcanforeros de Japón,
acacias australianas,
araucarias brasileñas,
fresnos del Pensilvania,
ginkgos biloba y palmeras asiáticas,
secuoyas, tilos y tuyas de Méxiico y Texas…
cedros del Cáucaso…
Plantaron, replantaron y extendieron
las especies autóctonas comunes:
hayas, olivos, alcornoques
olmos, tejos, lentiscos…
Un día del papa Urbano VII consiguieron
una bula que excomulgara
a todos los que talasen o degradasen
el bosque sagrado y encantado,
que no solo fue un templo natural de oración y silencio,
sino que atrajo a todos los grandes dendrólogos del mundo.
Desde la Fuente Fría
rodaba y rueda el agua hasta el  verde valle de los helechos
entre calas, hortensias, rododendros, pseudo plátanos.

 

Las leyes laicistas de 1834 sacaron de los conventos
a las Órdenes religiosas de Portugal.
Una parte del ascético convento  carmelita fue después convertido
en palacio de caza de la Casa Real portuguesa,
más tarde en un lujoso
Palace Hotel Bussaco.
¡Pintoresco remedo  de la Torre de Belem,
Monasterio de los Jerónimos
o Convento de Cristo de Tomar!
Y muchos coches de alta gama en derredor.

 

 

 

En Portugal (XII)

 

 

Mosteiro da Batalha

 

Contemplando el sublime Monasterio de Batalha,
y ahora que hablo en términos abstractos,
casi puedo decir que ¡Bendita Aljubarrota,
4 de agosto de 1385,
entre las tropas de don Joâo, Maese de Avis, y de Juan I de Castilla,
por la  herencia  sustanciosa del rey don Fernando,
que era el reino florido del bello Portugal!

Ya sé que no hay victoria verdadera,
si muere un solo  hombre injustamente,
ni siquiera aunque el templo votivo
lleve el nombre de Santa María da Vitôria,
dure casi dos siglos
y vea morir a los  quince mejores arquitectos del país.

Bendita, en cualquier caso,
esta joya manuelina;
panteón nacional;
patrimonio universal;
este bosque incomparable de gótico radiante,
de gótico flamígero,
de gótico celeste;
este palmeral de  gloriosas esculturas;
esta nueva, espejeante, ciudad de Dios
de jardines vegetales,
de puertas y de tímpanos,
de claustros y de naves,
de arcos y de ojivas,
de columnas, capiteles,
contrafuertes, arbotantes,
bóvedas y cúpulas,
doseles y pináculos,
torres y campanarios,
para gloria de Dios  en el cielo y en la tierra,
del genio de Portugal,
y de una nueva  ciudad terrestre y cotidiana
a sus pies,
con el nombre de Batalha.

 

 

 

En Portugal (XI)

 

           Museo da Arte Antiga, Lisboa

 

Me fui sin otro quehacer
a la gran Lisboa, un día de calor,
para volver a ver el singular Apostolado
de Zurbarán,
en el Museo de Arte Antiga,
el mejor Museo de Portugal en esta época,
ampliamente renovado, enriquecido
con algunos de los mejores
pintores del mundo.
Hace ya muchos años que los llevo en la memoria
y en la capilla más íntima del alma
-nueve más San Pablo-:
grandes, varoniles, ásperos, hirsutos,
a la vez que místicos,
de pies enormes,
como llamados a recorrer el mundo.

 

Después de verlos, más reales que nunca,
no he podido ver más.
Todo el mundo sublime que yo iba buscando
estaba allí.
El arte,  en algunas ocasiones,
colma y supera nuestras fuerzas,
nuestra mente y nuestros ojos,
y… no hay quien le resista.

 

 

 

 

En Portugal (X)

 

Playas de Cascais

 

En las seis playas
de Cascais
juega con los bañistas
el manso mar.

 

Los, sigue, los persigue,
por delante y por detrás,
y no les deja nunca
ganar.

 

El cielo es azul cielo
y un vientecillo audaz
va levantando las olas
de jugar.

 

Los turistas por las calles
vienen y van.
Y la recia ciudadela
sigue provocando al mar.

En Portugal (IX)

 

Parque de  Montserrate, Sintra.

 

Parque de Montserrate,
bosque eminente
mente turístico:
más de tres mil especies
que un inglés rico
plantó en Sierra de Sintra
hace dos siglos
en torno de un palacio
reflorecido

Hoy, abierto a todo el pueblo;
un paraíso.

En Portugal (VII)

 

Océano Atlántico

 

El Océano Atlántico
de Enrique el Navegante
sigue nostálgico.

 

Y sueña Portugal
el sueño de su historia
universal.

 

Un cierzo fiero
bate las recias olas
sin miramientos.

 

No hay rari nantes.
El mar se va y se vuelve
amenazante.

 

Excelsitud.
Todo se estrena ahora:
mar, cielo y luz