Archivo de la categoría: Sin categoría

La Covid-19, un nuevo Herodes

 

Todos los monstruos del mundo,
que te han perseguido,
niño del alma,
alma de niño,
año tras año,
siglo tras siglo,
por crueles que fueran,
no pudieron contigo.

Ni contigo puede ahora
este Corona-virus,
monstruo invisible,
crudo enemigo.

Tú nos traes la luz,
tú nos das el sentido
de la historia del mundo
y del ciego destino.

Tú no cambias las leyes
de este mundo finito.
Tú eres Hjo del Hombre
y de su carne Hijo.
Pero nos das la fuerza
del santo Espíritu
para vencer la muerte,
para morir invictos.
Como moriste tú
derrotando al Maligno,
que Maligno es el mal
en todos los sentidos.

La Covid-19
busca nuestro castigo.
Contigo lucharemos
por vencerlo y rendirlo.

Todos los monstruos del mundo,
que te han perseguido,
niño del alma,
alma de niño…

Domingo de la Sagrada Familia

 

Lc 2, 22-38*

 

El evangelista Lucas,
poco enterado de costumbres judías,

   mezcla el rito purificador de las mujeres parturientas,
a los cuarenta días de nacer el primogénito,
y el del rescate del mismo
-consagrado en principio a Yahvé-,
por cinco siclos de plata,
a los ocho días de vida,
el dia de su circuncisión.

Buena ocasión para Lucas de emplazar a la familia
en el templo de Jerusalén,
centro predestinado por Yahvé para salvar el mundo.
Igual que en la presentación de Juan,

toma como modelo el viaje de Ana y Elcaná,
padres de Samuel, al santuario de Silo,
para consagrarle al servicio de Dios,
siendo bendecidos por el sacerdote Elí.

Un hombre piadoso y justo, que esperaba
la consolación de Israel, de nombre Simeón,
bendice esta vez a María y José
y recita un himno preevangélico,
similar al cantado en el templo por el padre de Juan,
Zacarías.
Igual que Jacob, que pudo morir en paz,
cuando encontró a José, su hijo,
Simeón, tomando a Jesús en sus brazos,
se alegra de que Dios haya cumplido su palabra:
Sus ojos han visto por fin la salvación,
preparada para todos los pueblos:
luz para los gentiles
y gloria para el pueblo de Israel.

Pero Jesús será también
según el segundo trístico del himno,
bandera de división y de rechazo,
signo de contradicción.
Unos se levantarán y otros
caerán ante él.
Para unos será piedra de tropiezo
y para otros piedra de victoria.
María llevará en su propia vida
el destino doloroso de su pueblo.

Faltaba aquí la figura paralela de Isabel
en el relato sobre Juan.
Lucas añadió por eso  la de Ana, profetisa,
viuda octogenaria, modelo de los pobres de Yahvé,
que servía a Dios en el templo,
y que hablaba de Jesús
a todos aquellos que, como ella misma,
esperaban ansiosos
la
liberación
del pueblo judío.

 

* Ver la introducción al Evangelio de la Infancia, de Lucas, en la entrada del día 20.

 

 

Loas pastores de Belén en tiempo de pandemia

 

Era de mirar,
era
de ver
los rudos pastores
de Belén
con mascarillas
guardando la vez,
para acercarse,
tras el anuncio del ángel,

a Jesús, a María y a José,
midiendo la distancia:
uno por uno, y no dos,
y menos tres.

–No, no, nada de corderos:
un poco de queso y leche,
muy bien.

Y  lavaos las manos,
una y otra vez,

con el fresco de la noche,
que aquí… no hay gel.

Día de Navidad

 

Lc 2, 1-21*

 

El nuevo David
nace en la ciudad de David,
Belén Efratá,
en un caravasar de peregrinos,
no en un albergue extraño.
  Sab 7, 4-5                    María, su madre,le envuelve entre pañales y cuidados,                   
porque ningún rey comenzó de otro modo su existencia,
al decir del libro de la Sabiduría
sobre el rey Salomón.

Y le acuesta en el pesebre,
donde Dios sustenta a su pueblo predilecto.
       Is 1, 3                                      Esta vez, el buey conoce a su dueño                                                         y el asno el pesebre de su amo,
según el profeta Isaías.

Los pastores de Belén, pastores del rey pastor,
los pastores del aprisco de la Torre del rebaño
cantada por Miqueas,

precursores de todos los creyentes,
son los primeros en óír el anuncio luminoso del ángel,
la buena noticia, una gran alegría,
por encima de todas las noticias luminosas del Imperio:

la venida al mundo del Señor y Salvador
-títulos entonces exclusivos del emperador de Roma-,
pero envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
Allá van, a toda prisa, los pastores,
que luego contarán y cantarán,
primeros apóstoles,
lo que vieron y  oyeron.

Lucas pone entonces un himno preevangélico
en boca de los ángeles celestes:
¡Gloria a Dios en el cielo
y en la tierra paz a los hombres agraciados por Dios!
La paz más fructífera que la pax romana,
más pura y extendida que la pax augustea,
que se impone siempre por las armas.

María, ejemplo de creyente y discípula,
única testigo de aquel nacimiento,
guarda todo lo ocurrido en su memoria maternal,
y lo recordará no pocas veces
en la vida oculta y pública de su hijo, Jesús de Nazaret.

  • Ver la introducción al Evangelio de la Infancia de Lucas, en la entrada del día 20.

 

 

El corona-virus llega a Belén

 

Como le pintan mayor
-y yo sé muy bien por qué-,
Maria teme que alguien
le contagie a san José.

 

Previene que no le vean
sus parientes en Belén
y evita todo contacto
que tenga que ver con él.

 

Como persona  de riesgo,
tampoco él se deja ver,
si no es con la mascarilla
cuando sale a algún quehacer.

 

Las distancias se las marca
el caravasar por ley,
y María ha conseguido
que separen el pesebre
de la mula y… del buey.

 

Como le pintan mayor
-y yo sé muy bien por qué-,
María teme que alguien
le contagie a san José.

 

Eres tú… (villancico del papa Francisco)

 

(Digo villancico del papa Francisco, porque lo he escrito esta tarde partiendo de una especie de felicitación del papa (Mensaje navideño del papa Francisco), que un amigo músico me envió en un vídeo hace tres días. En él Francisco va dirigiéndose a cada un de nosotros, invitándonos a  hacer nuestro el ubérrimo contenido de la Navidad:  el pino, la estrella, la campana, los ángeles, la música, la tarjeta, los regalos, la cena… la misma Navidad eres tú, cuando… Yo me quedo con menos motivos y con menos exigencias, con el sí potencial, equivalente al cuando papal, en cada caso.)

 

Eres tú…

 

Abeto de Navidad,
si sigues luminoso, verde, enhiesto.

Campana de Navidad,
si llamas al gozo compartido del Misterio.

Ángeles de Navidad,
si das la buena noticia como ellos.

Música de Navidad,
si cantas la gloria del Señor en el silencio.

Tarjeta de Navidad,
si os felicitáis por el Nacimiento.

Estrella de Navidad,
si guías a los hombres hacia el Reino.

Los Magos de Navidad,
si sigues a la estella y todos sus movimientos.

 

«Militancia y represión»

 

        El título principal del libro dice el objetivo principal del mismo. El subtítulo: La Federación Española de la Enseñanza (FETE) en Navarra (1931-1936), dice de quién se trata. Sus autores son los historiadores navarros; Reyes Berruezo, Juan José Casanova y Francisco Javier Ema, especialistas en la historia de la Educación. Las 381 páginas del volumen ya indican que se trata de una obra sólida, que va desde el tránsito del asociacionismo al sindicalismo del magisterio (1907-1931), pasando por la actuación pública del sindicato (1931-1936), hasta la represión durante la guerra civil. Una veintena de interesantísimo perfiles biográficos de sus principales militantes y dirigentes, más una decena de Anejos y una treintena de Tablas relacionadas, en toda clase de temas, con los militantes y afiliados a la FETE, junto a una rica bibliografía referenciada, a lo que hay se añade una selección de raras fotografías, mapas y abundantes reproducciones documentales, hacen de este libro un verdadero capolavoro sin igual en un campo de investigación tan complicado.

Quiero resaltar en esta obra colectiva el rigor y la seriedad con que se ha llevado a cabo el trabajo. Estamos demasiado acostumbrados a otro tipo de tratamiento  a la hora del estudio de la represión, sea cual sea, en la historia contemporánea española. Fácilmente los libros dedicados a ella suelen acabar, en el mejor de los casos, en apasionadas hagiografías. Aqui, no. Aqui no se empieza con la represión y se acaba en ella, o, con mucha suerte, y de prisa y corriendo, con la militancia anterior, sino al revés: cada militante, y todos en conjunto, tiene su compleja historia, con sus méritos y deméritos, con sus luces y sombras, con sus aciertos y desaciertos. Para llegar después al mismo, esencialmente injusto, trágico final. Tratados siempre, como es natural, con respeto y afecto, pero con esa exigencia de la disciplina histórica, que impone la verdad más objetiva posible en cada caso, en cada actuación, en cada vida. Un éxito.        

 

Domigo cuarto de Adviento

 

Lc 1, 26-28  + (Mt 1, 18-25) + (Lc 1, 46-56)

 

          El evangelista Lucas, del que sabemos muy poco, escribió, hacia los años noventa, o a comienzos del siglo II, los dos primeros capítulos de su Evangelio muy probablemente después del resto del mismo y del libro de los Hechos. Los mejores exégetas no se ponen de acuerdo ni en el número ni en la clase de fuentes (relatos completos e independientes) que utilizó en estos dos capítulos singulares. Pero es muy probable también que se sirviera de diferentes tradiciones de su iglesia, en la que fue seguramente dirigente y predicador, así como de otras iglesias. Su lengua materna fue con toda probabilidad el griego, que dominaba a la perfección, aunque imite con frecuencia el estilo semitizante de los LXX o Biblia Septuaginta (por los 72 sabios judíos que tradujeron al griego koiné los textos hebreos y arameos de la Biblia hebrea, entre los años c. 280 a  c. 100 a. C.).

Lucas traza una línea paralela entre las figuras de Juan el Bautista y Jesús: anuncio de su nacimiento, nacimiento, circuncisión e imposición del nombre, presentación en el templo, crecimiento… El evangelista, que es un narrador culto, conocedor de la literatura judía y de la grecorromana y de sus géneros literarios, no alude al censo anterior del rey David ni al posterior del legado romano en Siria, Quirino o Quiriano, sino que finge uno universal, establecido por el mismísimo emperador César Augusto, la gran figura contrapuesta en este relato, el hombre entonces más importante del mundo, a fin de hacer nacer a Jesús en Belén, ciudad davídica y cuna de su dinastía, de donde procedería el gobernador de Israel, el Mesías, según el profeta Miqueas, y que heredaría el trono de David su padre por los siglos sin fin.

El evangelista y la tradición que trasmite presentan bellamente la concepción de Jesús por María, una joven virgen judía, prometida a José, de la estirpe de David, haciendo aparecer un ángel -la voz de Dios en toda la Biblia-, siguiendo el estilo de los nacimientos singulares de los grandes personajes bíblicos singulares: Ismael, Isaac, Samuel o Juan el Bautista, nacidos de mujeres también  singulares: Sara, Ana o Isabel. Siendo el nacimiento de Jesús de María Virgen superior a todos ellos, y superior también al milagroso nacimiento de grandes hombres de su época, como el emperador Augusto. Dios es aqui el autor principal: Jesús es el Hijo de Dios, la razón más profunda de la virginidad de María, cubierta por la sombra del Altísimo. La obra de Dios por antonomasia después de la creación del mundo está por encima de cualquier poder generadoer humano. Y ahora y luego el ángel o los ángeles de Dios corearán los títulos del nuevo recién nacido, que entonces eran los títulos exclusivos del emperador romano: Salvador (Jesús), Magno, Hijo del Altísimo, rey de Jacob, Santo, Hijo de Dios.

María aparece aqui como aparecerá en la vida pública de Jesús, la creyente y discípula paradigmática, la esclava del Señor, siempre fiel a su voluntad.

Dios la regaló –kejaritomene, la favorecida-
con la intensa llenumbre de su Espíritu,

porque iba a concebir
y dar a luz tal hijo:

el Salvador del mundo,
el Hijo del Altísimo,
Magno y Santo,
Hijo de Dios.

María era entonces
una joven judía piadosa,
que pronto iba a ser,
en el público ministerio de su hijo

la creyente ejemplar,
la discípula fiel de Jesús,
la madre de la Iglesia,
la hija predilecta de Dios.

Una Navidad nostálgica

 

       Leo testimonios de gente mayor, de nuestra generación y de otras posteriores, y casi todos recuerdan con nostalgia la Navidad: aquellos abuelos y padres, aquel belén, aquel musgo, aquellas comidas y cenas familiares, aquel turrón, aquél tambor de castañas, aquella novenica del Niño, aquellos Reyes Magos…. Algunos la comparan con la Navidad de ahora. Otros ni se atreven.

Cualquier persona, de educación tradicional, entrada ya en años, que haya perdido padres o hermanos, recuerda por fuerza con nostalgia («dolor de la vuelta», del recuerdo) la infancia perdida, época de iniciación a la vida, de ilusión sin par, de creatividad creciente. En la Navidad, además, se aúnan el halo del misterio de lo transcendente, la ternura de la maternidad, la delicia del recién nacido, el aura de ángeles, pastores y magos, unido todo a la ilusión de la lotería, de los regalos, de las visitas, de la llegada de personas queridas. Más la diversión de las comedias parroquiales, de los cantos del coro o de la preparación de la Cabalgata.

¿Tiene todo esto algo que ver con las Saturnales o la fiesta arcaica del solsticio? Poco o nada. ¿No es todo esto puramente navideño y hasta encantador? Seguro. Pero, como de nostalgia tampoco se vive, llega un momento en que, si el cultivo del sentido cristiano de la Navidad no se cultiva al tiempo y modo como se cultiva todo lo demás, la Navidad queda como mero recuerdo, como algo pasado, con una ciert a raya de tristeza y decepción.

La Navidad, en cambio, es constante mensaje de alegría y de paz. El anuncio del ángel a María, preciosa manera de decir la voluntad de Dios, comienza por un Xaire, Maria kejaritoméne: Alégrate, Maria, la favorecida. Y todos los mensajes posteriores no hablan de otra cosa que de presencia, alegría y paz. Para todas las edades, no solo para la niñez. Y para todos los tiempos: también para 2021.