En Navidad,
dos pessebres naturales,
culturales,
-con caganers invisibles
pero reales-
de la catalanidad.
En Navidad,
dos pessebres naturales,
culturales,
-con caganers invisibles
pero reales-
de la catalanidad.
Déu vos guard,
belén alpino
de Montserrat.
Mi experiencia está hecha
de nostalgia,
y de recia labor intelectual;
de historia de Cataluña
y toda la humanidad.
Jesús y María –la Mare de Déu-
en medio de todos;
los monjes benedictinos,
amigos y estudiosos,
en comunidad,
y protegiéndonos a todos
-monjes y huéspedes varios-,
el padre abad.
Todo era subir
y bajar
en
Montserrat
bajo aquel gigante paredón de piedra
en forma de peñascal.
Y un rumor de incesantes peregrinos
-pastores y magos de Oriente y Occidente-
hablando sobre todo en catalán.
Dios venía a nosotros cada día,
no solo en Navidad,
y con música gregoriana salíamos a su encuentro
mas que ritual.
Déu vos Gard,
belén alpino
de Montserrat.
Hermano Víctor Manuel,
¿Qué año, ya próximo,
tu Dios y Señor te llevará con Él?
Pídele a tu hermano,
y también Señor,
Jesús de Nazaret,
que te conserve activo.
Y, sobre todo, fiel.
El hombre, náufrago en el mundo,
se encontró un día con el espacio y el tiempo
y quiso acomodarlos
a su dominio y a su conocimiento.
Les puso horarios y calendarios;
les puso limites y cercos.
Inventó las estaciones,
meses, semanas y días,
las fiestas y los juegos.
La Nochevieja del año,
para maldecir lo viejo
y el comienzo del año
para desearse un tiempo nuevo.
Ficciones sobre ficciones,
pero sabiendo
que todo
tiene en la realidad su fundamento:
en el tiempo y el espacio
en el espacio y el tiempo.
(Entre una selección de afamados poetas catalanes sobre la Navidad, encuentro un poema titulado El pessebre, demi amigo mossén Ramón Muntanyola, autor del libro Vidal i Barraquer, el cardenal de la Pau, que traduje durante un mes al castellano viviendo en su rectoría de Santa María de Cambrils, muy cerca de la casa natal de los Vidal. Después de sus dos primeras estrofas en catalán sustituyo las restantes con unos versos en castellano que expresan mis propias vivencias)
Jo tinc un pessebre
petit i lluent,
de suro i de molsa
tot blanc de tans bens.
Figures i cases
d’argila i paper,
corrala amb gallines,
dos bous i un pagés.
Pero yo le añado
mi estancia de un mes
en la rectoral
de Santa María,
huésped de un mossén,
mossén Muntanyola,
orador, poeta
y un hombre de bien,
traduciendo un libro
de un tal don Francesc,
cardenal y justo,
Vidal Barraquer,
que tiene una estatua,
en la plaza misma
que le vio nacer.
¡Oh, pessebre santo
de mi buen mossén!
Monasterios cistercienses catalanes:
Santa María de Vallbona,
Santes Creus
y Santa María de Poblet.
Tres belenes,
tres pessebres,
grandes, bellos, luminosos,
de aquel niño
-hecho Iglesia-
de Belen.
Recién muerto Herodes el Grande,
el año cuatro antes de Cristo,
hubo un levantamiento por toda la tierra judía,
queriendo reemplazar a un tirano nombrado por Roma
por un soberano justo nombrado por Dios.
Un rebelde judío llamado Judas,
se levantó en Séforis capital de Galilea,
a sólo unos kilómetros de Nazaret.
Tres legiones de más de 20.000 soldados
mandó Varo, prefecto de Siria,
que tomó por sede operativa la ciudad de Tolemaida,
al oeste de Séforis.
Gayo, amigo de Varo, mandó las tropas que fueron a Galilea.
Aplastó –escribe Josefo- a todos los que se le opusieron;
tomó y entregó a las llamas la ciudad de Séforis,
y redujo a sus habitantes a la esclavitud.
¿Cuántos niños inocentes murieron en Séforis
y en los pequeños pueblos galileos colindantes?
Lucas, que en su parábola evangélica compara a Herodes con el viejo faraón,
tiene como base la matanza de las huestes de Gayo.
¡Todavía se oyen sus gritos en las calles lejanísimas de Séforis!
Te traigo, niño, al pessebre,
este día de invierno primaveral,
la belleza del Tarragonés,
con sus pinos, con sus playas, con su mar.
La villa romana modélica de Munts,
la cantera decisiva de Médol
y el arco majestuoso de Bará.
Tamarit y su castillo,
Altafulla y su casco medieval.
Y para tu mayor sorpresa,
sobre el mar y sobre rocas,
el Roc de San Gaietà,
con su barrio catalán de pescadores
y sus patios andaluces
llenos de luz y de sal.
Con mi burrito sabanero
voy camino de Belén
a ver al niño y su madre
y a su padre San José.
Con mi burrito sabanero
voy camino de Belén
a ver el portal entero
con la mula y con el buey.
Con mi burrito sabanero
voy camino de Belén
y a los pastores que llevan
pucheros con leche y miel.
Con mi burrito sabanero
voy camino de Belén:
Quiero ver los Reyes Magos
cuando lleguen a Belén.
Con mi burrito sabanero
me he perdido en el sendero
caminando hacia Belén.
(El capitel románico, mariano, del claustro catedralicio de Tarragona incluye en su primera cara dos comadronas que, según el evangelio apócrifo del Pseudo Mateo, certifican la virginidad física de María tras el parto)
Dos comadres testan la virginidad de Santa María,
según las severas reglas de la biología.
Pero, si el padre del niño es Dios,
virgen y madre es María,
según las severas reglas de la teología.