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Dos minutos y medio

 

Dos minutos y medio
ha durado la invasión
por los toros de las calles de Pamplona.
Dos minutos y medio
la aparición deslumbrante de los mitos ancestrales.
Dos minuos y medio de terror,
de júbilo y de ritos iniciáticos.
Dos minutos y medio
para volver el hombre a sus orígenes,
y el dios natural del neolítico
a su trono de sangre, de sexo y prepotencia.
Dos minutos y medio
de trágica hermosura,
en esta magia de julio cereal,
rasgada por la espada de unos cuernos mortíferos.

Dos minutos y medio.

 

 

 

 

 

 

 

«… como también nosotros perdonamos…»

 

    Lo vi más claramente, más intensamente que nunca, hace unos días, en la recitación litúrgica de nuestra primera oración cristiana. La conjunción modal como, entendida al pie de la letra, no ha hecho más que confundirnos y desnaturalizar el sentido profundo de la petición del perdón. No. No pedimos que Dios nos perdone como nosotros perdonamos (hecho y forma) a los que nos ofenden. Sino que, si nosotrros somos capaces, al menos en los mejores momentos, de perdonarles, superando la ofensa mediante el perdón y no a través de la venganza, ¿cómo no nos va a perdonar a nosotros mismos Dios, ese Dios perfecto, al que nos invita Jesús de Nazaret a imitar y seguir?

Los Grecos del Bellas Artes

 

          Son menos (3) que aquéllos exhibidos en la anterior exposición (10), con motivo del anterior centenario -recordada ahora en un gran panel en blanco y negro-, en la que se contó con los cuadros del Greco en posesión de vaios bilbaínos afortunados. Pero de los tres actuales, dos son verdaderos tesoros: San Francisco en oración ante el Crucifijo (c. 1585) y La Anunciación (c. 1596-1600).  La reflectografía infrarroja de los dos óleos sobre lienzo hace resaltar la luz intensa de la Virgen María -vestida de rojo y azul-, la del arcángel Gabriel sobre una leve nube -todo vestido de verde-, luminosos los dos como la paloma simbólica del Espíritu Santo,  igual que en la otra obra hace restallar el resplandor del rostro y de las manos juntas sobre el pecho del santo, tocados como si reflejasen el resplandor del pequeñó crucifijo encima de una calavera, sobre el oscuro fondo de la cueva. En los dos casos, el Espiritu y el Cristo crucificado lo iluminan todo. Es ante todo la presencia de Dios a través de algunos de sus habituales símbolos: el arcángel, el coro de ángeles, la zarza que arde, la cruz del Hijo, el trozo de cielo que asoma, el cordón franciscano de tres nudos… Dios lo llena todo, lo inunda todo. da sentido a todo. También a la pintura del Greco.

Cohete de San Fermín

 

Las doce del seis de julio.
Plaza del Ayuntamiento.

La mañana rojiblanca
se ha desabrochado el pecho.

Un toro barroco espera
que le suelten el resuello.

Banderas y recamados
emplazan la luz y el viento
y se despeña en el aire
un vendaval de pañuelos.

Hay un temblor en el alma
de espera, de gozo y miedo.

Llega el reloj, y la fiesta
se suelta por fin el pelo.

 

 

 

 

 

 

«¿ Qué más se nos da en lo uno que en lo otro?»

 

        … es cosa que importa mucho entender que no a todos lleva Dios por un camino; y, por ventura, el que le pareciere va por muy más bajo, está más alto en los ojos del Señor. No porque en esta casa haya costumbre y ejercicio de oración, es por fuerza que han de ser todas contemplativas. (…) Y, pues no es necesario para la salvación, ni nos lo pide Dios de premio, no piense se lo pedirá nadie ni que no por eso dejará de ser muy perfecta, si hace lo que aqui va escrito; antes por ventura, tendrá mucho más mérito, porque es a más travajo suyo y la lleva el Señor como a fuerte y la tiene guardado junto todo lo que aqui no goza. (…) Miren que la verdadera humildad, creo cierto, está mucho en estar muy prontos en contentarse con lo que el Señor quisiere hacer de ellos y siempre hallarse indignos de llamarse sus siervos. Pues, si contemplar y tener oración mental y vocal, y curar enfermos y servir en cosas de la casa, y travajar en desear sea en lo más bajo, todo es servivr al huésped que se viene con nosotras a estar y a comer y recrearse, ¿qué más se nos da en lo uno que en lo otro?

 (Santa Teresa de Jesús, Camino de perfección, 27, 2-5)

Últimos aforismos

 

La mayor desinformación es el exceso de información.

Antes loco con todos / que cuerdo a solas, escribió Gracián. Una versión culta del viejo proverbio: Mal de muchos  / consuelo de tontos.

– Al Tribunal de Cuentas de España le llaman popularmente el Tribunal de la Familia, porque un 14% de sus empleados son parienes de los jueces miembros del mismo. Así que bien pudiera llamarse: el Tribunal de los cuentos familiares.

– Siempre que en cualquier situación se contrapongan sólo dos colores, el blanco y el negro, ganará éste último.

– ¿Por qué la cazuela, que es más grande que el cazo, se llama cazuela?

 

 

Beriain-San Donato

 

           Sinclinal colgado entre el Valle de Ergoyena-Tierra de Aranatz y el corredor del río Araquil, la peñumbre de Beriain-San Donato.

Arrebato calizo. Geológiico revolcón. Desperezo violento pero contenido sobre las vallonadas rústicas y apacibles. Trono inseguro de nubes y nieblas. Yunque de estaciones. Hoja múltiple amolada por la muela de todos los vientos. Cumbre borrascosa de levedades y pesadumbres, que el sol misericordioso escudriña y anaranja-violacea.

Casi goyesco. Digno de Turner.

 

Universidades católicas

 

He estudiado en universidades católicas, españolas y de fuera de España; he dado clases en alguna de ellas; he tenido relación con otras varias; voy ahora a sus bibliotecas; colaboro en sus revistas… ¿Qué hay hoy de las universidades católicas? Tras una seria investigación sobre tan dilatado asunto, el secretario de la FIUC (Federación inernacional de universidades católicas), el catedrático canadiense Guy-Réal Thivierge, llega a la sencilla conclusión de que sus estudiantes son «estudiantes normales», que dan mucha importancia a la familia, lo más importante de su vida, y luego a los estudios y al trabajo bien pagado: un 53% de los alumnos  sólo espera de su universidad que le ayude a tener un expediente académico, el mejor posible, para alcanzar ese fin tan práctico. El motivo por el que eligen la universidad católica en sus países es por su prestigio académico, el valor de sus títulos en el mercado y el buen ambiente para el estudio. En último lugar, y con mucha dis tancia respecto al resto, aparece la identidad católica. Por otra parte, para la mayoría, su interés se reduce a la asistencia a clase, y no participan en otras actividades universitarias, entre las que se incluyen las de carácter pastoral. Hijos y representantes, al fin y al cabo, de una sociedad tenida por secularizada, individualista, donde prima el poder y el prestigio. La universidad católica tiene, pues, no menos que cualquier otra universidad, el reto de su propia misión, que es  primordialmente la de toda universidad que se precie:  investigación, docencia y  servicio a la sociedad, tal como lo formula la Carta Magna de las Universidasdes Europeas (Bolonia, 1988). Ahora bien, la universidad católica, si quiere ser tal, penetra todo ello -no  superpone, ni sólo añade– de la identidad cristiana, que es en este caso, sobre todo, diálogo entre fe, ciencia y cultura, lo que exige a la vez mucho esfuerzo, mucho ingenio) y mucho estudio. Quien venga a nuestros centros -remata Thivierge- tiene que recibir más: una visión profunda del ser humano, una mirada al futuro y un sentido de esperanza. En cada momento y en cada lugar, cada universidad tiene que saber – y ese es el arte-  cómo llevarlo a cabo.

Encierro

 

      En homenaje al pintor, escultor, pedagogo, poeta y amigo Antonio Eslava, y a su hijo, Juan José, joven compositor musical de muchos kilates, así como al periodista Pablo Ramos, y otros coautores del ballet Encierro, que nos han presentadoi hoy en el Museo de Navarra, he rescatado estos viejos versos, que llevan el mismo título:

El cohete de las ocho
abre la carrera  lúdica.
Cruzan los rayos desnudos:
astados cuervos de muerte.
Las furias de rabia y luto,
sueltas por la calle insomne.
Duros patriarcas de vida
con ciegos ojos de fuego.
La revancha natural
contra una historia de sangre.
La cólera avasallada,
hecha diversión de feria.
Camada madrugadora
que los hados no controlan.

La Comunidad de Sant´Egidio

 

        Cuando oigo hablar de la crisis de vocaciones religiosas, siempre pongo, entre otros muchos que podría poner, el ejemplo de la Comunidad de Sant´Egidio, cuyos miembros llegan a 50.000 en todo el mundo, la cifra que hace años tenía la Compañía de Jesús. Y la Comunidad, a la que llaman la «ONU del Trastévere», no es, pese a su juventud, ni menos católica (universal), ni menos eficaz, ni menos admirada y admirable que la Compañía en sus mejores tiempos, o que en su día fueron los dominicos, los franciscanos o los benedictinos. La recuerdo ahora, tras leer sobre la visita  reciente del papa Fancisco a su iglesia y barrio del Trastévere romano, de donde partió y parte la Comunidad a llevar el evangelio de la paz, del servicio y del amor, el Cristo de hoy, a todo el mundo. Nacida en Roma en los años de la contestación (1968), de un un grupo de jóvenes universitarios -Andrea Riccardi, entre otros-, es hija del Concilio Vaticano II. Con los lemas de la gratuidad, amistad, diálogo, servicio y medios pobres, ha sabido conjugar fe y compromiso civil, catolicidad y espíritu de diálogo. Y con la liturgia y la oración comunitaria y personal, «la primera obra de la Comunidad», la amistad con los pobres. En África, Asia e Iberoamérica ha multiplicado las comunidadedes en las periferias urbanas y sociales. Pero, además, ha llevado frutos de paz por todo el mundo, desde sus campañas por la abolición de la pena de muerte, contra el sida en África, en defensa de los derechos de los inmigrantes y refugiados… O con los Encuentros internacionales e interreligiosos de Asís, comenzados en 1986 por Juan Pablo II y que la Sant´Egidio continua y desarrolla después dando vida a la Asociación Internacional Hombres y Religiones. Con los años la Comunidad se ha transformado en una fraternidad internacional dedicada a globalizar solidaridad y amistad a lo largo de las fronteras del mundo. Para la comunidad nacida en Roma, la guerra es la madre todas las pobrezas, una aventura sin retorno y una derrota de la humanidad, como vienen diciendo los últimos papas. Y para hacer imposible cualquier guerra en el mundo o para ponerle remedio ha ido acudiendo la Comunidad de Sant´Egidio a todas partes. Su primer gran éxito fue en Mozambique, tras 27 meses de negociaciones, en 1992. Luego vinieron  Argelia, Guatemala, Líbano, Irak, Turquía…, o, en nuestros días, la República Centroafricana (2013). En Sant´Egidio la paz es una responsabilidad cotidiana de todo miembro, que asume ese compromiso sobre todo en la oración: «Nosotros -dicen en la Comunidad- creemos en la fuerza histórica de la oración que, a través de la invocación insistente al Señor, cambia el mundo. Y lo hemos experimentado en muchas situaciones que parecían sin solución».- ¿Quién habló de crisis en las vocaciones religiosas? ¿De qué religión hablamos?