Archivo del Autor: vmarbeloa

«Clara estaba la noche…»

 

Clara estaba la noche
más que el sole.

   (Canción popular)

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Clara estaba la noche
más que el sole.

Porque el niño lleva en su frente
el arrebole.
El arrebole,
que es la luz que desprende
Dios hecho hombre.

Clara estaba la noche
más que el sole.

 

«No duermen mis ojos…»

 

No duermen mis ojos,
madre, ¿qué harán?

(Canción popular)

***

No duermen mis ojos,
madre, ¿qué harán?

-Velarán.

No duermen mis ojos…

-Mirarán.

No duermen mis ojos…

-Reirán
cuando  vean al niño
nacer y llorar.

No duermen mis ojos,
madre.
        – Yo sé lo que harán.

 

«Oy, luna que reluces…»

 

Oy, luna que reluces,
toda la noche me alumbres.

(Canción popular)

***

Oy, luna que reluces,
toda la noche me alumbres.

Hasta que al viejo portal
llegue del niño la lumbre
que nos ciegue
y nos deslumbre.

Oy, luna que reluces,
toda la noche me alumbres.

Villancicos a lo divino

Durante los siglos XV, XVI y XVII, decenas, cuando no centenares, de poetas españoles escribieron versos a lo divino, es decir, aprovecharon muchos versos, a menudo anónimos, originalmente amorosos, bucólicos, cotidianos, y les dieron la vuelta, un giro piadoso, religioso, celeste. Lope de Vega, el más famoso de esos poetas,  y el mismo san Juan de la Cruz y Santa Teresa escribieron  no pocos de esos poemas, que se han hecho célebres. Muchos villancicos navideños, canciones en principio populares de tema profano (de villanos) nacieron así. En estos últimos meses, en que, con ocasión de ciertos estudios, he leído y releído miles de poemas de todos los Cancioneros publicados durante esos siglos, he elegido unas cuantas canciones, casi siempre anónimas, escritas a lo largo de esos siglos, y las he vuelto a lo divino navideño, componiendo breves y nuevos villancicos, que iré publicando desde mañana hasta el día 2 de enero.

Los ojos de la esperanza

 

         El apóstol Pablo nos da en su carta a los Romanos la clave de la esperanza cristiana: Poderoso es Dios para cumplir lo prometido (Rm 4, 21). Nuestra esperanza no se apoya sino en la fuerza de Dios, que todo lo puede y lo penetra todo: Sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud  probada, esperanza, y la la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rom 5, 3-5). La esperanza ha sido siempe una virtud teologal, vinculada íntimamente a las de la  fe y el amor, tres dimensiones o momentos de un mismo movimiento o actitud de entrega del hombre a Dios, llevado a cabo con toda la inteligencia del ser humano, con su entendimiento, voluntad y sentimientio. La fe ve, a la manera humana, o intuye el poder de Dios; la esperanza se asienta sobre esa fe, y al mismo tiempo brota el amor, seguido de sus buenas obras.  Los ojos de la fe son los ojos de la esperanza. El gozo tenso de la esperanza es el gozo  tenso de la fe.

Bienaventuranzas de la esperanza

 

(Alejandro Fernández Barrajón)

Bienaventurado quien no espera sentado en el ribazo del camino confiando en que la misericordia pase a su lado, sino que sale al encuentro de ella con los brazos abiertos y el corazón empapado de dicha…

Bienaventurados los que esperan sin ver, porque Dios se abre paso en ellos como un colirio que renueva y refresca sus pupilas…

Bienaventurados los que ya han encontrado la esperanza, que es Jesús, y se han sentado a sus pies para escuchar su palabra…

Bienaventurados los que no esperan solos, sino sintiendo cerca los suspiros de sus hermanos cansados de la las inclemencias del camino…

(…)

Bienaventurados los que no sirven a nada ni a nadie, sino a los pequeños donde habita la esperanza de Dios…

Bienaventurados los que esperan como María, cuando todo parece volverse oscuro y amenazante…

Bienaventurados los que esperan entre los que no esperan y quieren convencerte de que no hay nada que esperar…

Bienaventurados los que han hecho de su vida un Adviento de luz…..

Cuarto domingo de Adviento

 

( Mt. 1,18-24)

Nos lo cuenta Mateo
en forma de parábola
para hacernos entender.
El Espíritu de Dios lo hizo todo:
y la madre fue virgen
y José como si nada.
Era cosa de Dios. Jesús, el niño,
iba a salvar al pueblo
de todos sus pecados.

Su nombre genuino era Emmanuel:
Dios con nosotros.
Era cosa de Dios. Y así se entiende todo.
Lo demás
era cosa de todos los días.

Los obispos de Ruanda y el genocidio

 

        Los obispos de las nueve diócesis de Ruanda, con ocasión de la clausura del Jubileo de la Misericordia,  acaban de  mandar leer en todas las parroquias del País una carta pastoral en la que piden perdón como obispos por los miembros de nuestra Iglesia que jugaron un papel en el genocidio de 1994 contra los tutsis, aun cuando la Iglesia no puso en manos de nadie las armas. Como se sabe, algunos sacerdotes, religiosos, religiosas y catequistas fueron responsables, directos o indirectos, de las matanzas que acabó con la vida de 800.000 personas, la mayoría de ellas de la etnina, minoritaria pero dominante, tutsi. El Tribunal Internacional Especial para Ruanda, establecido por la ONU en Arusha (Tanzania), inculpó a cuatro sacerdotes, mientras dos religiosas fueron condenadas en Bélgica a 12 y 15 años de prisión. Y es el caso de que el Gobierno del dictador Paul Kagame responsable de una atroz represión tras el genocidio, ha calificado el gesto episcopal de profundamente inadecuado, considerando que debía ser el Vaticano quien formulara la petición formal de perdón. Como si el Vaticano fuera el responsable del excidio, y como si Juan Pablo II, con ocasión del Jubileo del año 2000, no hubiera pedido perdón por la implicación de miembros de la Iglesia Católica en los abominables hechos. El dictador Kagame tiene ritualizada una versión oficial de las matanzas de 1994, no de las suyas, y ay de aquél, cualquiera que sea, que se salga de ella. Los católicos, que en la  ex colonia belga fueron un día inmensa mayoría, hoy son sólo la mitad, pues millones de ellos desertaron de la Iglesia tras aquellos terribes acontecimientos y la feroz represión siguiente.

 

Viana

 

          Plaza guarnecida y amurallada por el rey Sancho VII el Fuerte frente a la próxima Castilla (1219); asediada, rendida, conquistada, reconquistada una y otra vez, aqui o cerca de aquí perdieron la vida muchos hombres valientes, ilustres o no, como César Borgia (1507), que había venido al frente de las tropas de su cuñado Juan III de Albret contra los partidarios del Conde de Lerín.

Viana mereció por su fidelidad que el Príncipe heredero de la Monarquía llevara su nombre (1423).

Anexionada oficialmente tres veces a la demarcación de Logroño, volvió pronto a Navarra por la voluntad decidida de sus habitantes.

La iglesia de San Pedro (1250), en el flanco defensivo occidental, con barbacana y torreón, se hundió el siglo pasado y es hoy una vetusta e imponente torre gótica.

A la de Santa María, levantada al final del mismo siglo en el lado septentrional de la fortificación, le antecede una portada gloriosa, verdadero retablo renacentista en piedra, que celebra el ciclo triunfal de la Redención. No es de extrañar que en los tableros y netos del banco  se represenen los famosos trabajos de Hércules-Cristo en su lucha contra el mal, al gusto del tiempo, y en conexión con otros retablos de altares mayores, como los exquisitos de Lapoblación, Genevilla, Armañanzas o El Busto.

El retablo principal del templo, dedicado a la Virgen María, obra maestra del primer barroco, sobrecoge por su opulenta vegetación ornamental y por el relumbrón de su policromía, con buenas tallas y relieves.

Corre parejas con el todavía más refinado de Santa María de Los Arcos, y con los más pequeños pero primorosos de Arróniz y de Cabredo.

 

La Transición como el Amejoramiento

 

       Todos los independentistas en España, junto a todos los toltalitarios, de cualquier clase que sean, aborrecen la Transición, incluida la Reconciliación y la Constitución. De la misma manera que todos los independentistas en Navarra, junto a todos los totalitarios, de cualquier clase, que por aqui se mueven, aborrecen el Amejoramiento.