La crisis en Navarra

La enésima crisis política en el Gobierno de coalición de Navarra, entre el partido mayoritario UPN y el minoritario PSN, que perdieron miles de votos en las últimas elecciones, puede acabar bien, lo que deseo, y puede acabar mal. Mal, porque puede ser que en la politica de un Rubalcaba personal y politicamente en crisis, la pequeña pieza de Navarra le sirva para su defensa, y porque a UPN, ya sin PP dentro, y sólo ligado a él por un pacto de conveniencia electoral, la dimensión nacional le venga hoy más lejana. Mal, porque los dos partidos carecen de un liderazgo seguro y firme, aunque en muy distinta proporción, y los disidentes puedan jugar un papel más activo. Mal, porque la crisis económica, la recesión y los continuos recortes no son precisamente un atractivo de  poder para nadie. Mal, porque la oposición independentista, en sus diferentes grados, recompondrá con fervor su maltrecha unidad ante la gran pieza esperada, en caso de unas nuevas elecciones. Todo esto, y algo más, debería ayudar a recomponer la figura de los dos partidos gobernantes, cada día menos apreciados por la mayoría navarra. Y entonces el mal sería un bien menor. Entendiendo siempre por bien la potenciación de la Navarra constitucional y la unión eficaz para mejorar nuestra deteriorada situación económica.