Voy a ver a Carlos Ciriza (Estella, 1964), que prepara la celebración del XXV aniversario de su primera exposición, que vimos en una sala de Pamplona. Me enseña su inmenso taller de escultura, pintura y cerámica, y su despacho, donde prepara sus trabajos. Me regala unos cuantos libros hermosos, donde se recoge su obra y muchos comentarios sobre la misma, en la doble versión castellana e inglesa. Carlos es un artista prolífico en hijos de carne y en hijos de arte. Es ahora mismo el artista navarro más presente en toda España y en todo el mundo. Pintor de pintura escultórica y escultor de escultura arquitectónica, en estas últimas creaciones, por las que es más conocido, se revela imprescindible y esencial el espacio, tan presente en un arte, que -como escribe Rosa Martínez de Lahidalga- está llamado en nuestro tiempo a hacer de la forma una metamorfosis constante, que mutará rotundidad en flotación, gravidez en ascensión etérea, dispersión en contención y síntesis. ¿Sólo el espacio? Y el tiempo. Y de su doble juego hablaré en el poema con el que voy a participar en este XXV aniversario.
