Unas semanas antes de que León XIV visitara Francia, varias mujeres católicas muy influyentes publicaron en un diario católico una tribuna sosteniendo que la exclusión de las mujeres de los ministerios ordenados constituye una discriminación por razón de sexo incompatible con el derecho europeo. Una reflexión basada en la prohibición por el derecho europeo de las discriminaciones por razón de sexo. Una de las impulsoras de este texto es la historiadora Annie Crepin, copresidente de la Comisión de Estudio sobre el Lugar de las Mujeres en la Iglesia, quien reconoce que durante mucho tiempo la teología contribuyó a sacralizar desigualdades jurídicas y sociales entre varones y mujeres, en contra del cristianismo primitivo que se adelantó a su tiempo. Hoy, según ella, las expectativas de la sociedad hacen tan grande el desfase de esa teología, que oscurecen el mensaje del Evangelio y debilitan el futuro de lglesia como institución y como pueblo de Dios.
La cosa viene de muy atrás. Las esperanzas estaban puestas en el Vaticano II, pero el Concilio no pudo llevar a término la evolución de su doctrina sobre la mujer. Ahora la serie de abusos y atropellos en la Iglesia en muchos países ha puesto de relieve la negatividad de la sacralización del sexo masculino a través del sacerdocio. Que una cosa es el ministerio (servicio) y otra la sacralización de la persona. Una cosa la santidad y otra la sacralidad mal entendida como intangibilidad.
Y mientras una comisión vaticana cierra la puerta, en 2025, al diaconado femenino, los papas de hoy nombran a varias mujeres para cargos muy importantes reservados hasta hace unos años a los cardenales. Ya sé que por algo se empieza, y que hay movimientos que son imparables, una vez puestos en órbita, pero la contradicción existencial no puede más patente.
Vista la presencia preponderante de la mujer en la Iglesia de cada día y de cada lugar, el escándalo no puede ser mayor.
Auguro que el movimiento más fuerte en favor de la mujer, que avanza en países como Canadá, Alemania, Austria o Francia, va a tener su mayor fuerza en el enfoque jurídico de la cuestión, vía los derechos humanos, cada día más cultivados y más exigentes en nuestro mundo. Por delante de la reflexión teológica, clara para muchos, pero menos cercana, o de la sociológica, más ruidosa, pero menos eficaz.