El credo de un dramaturgo llamado «El Brujo»

 

                   Él es  Rafael Álvarez (Lucena, Córdoba, 1950) y le entrevista José Beltrán, director de la insustituible VN, el periodista que en la cadena pública  sorprendió, ilustró y deleitó a toda España durante la visita de León XIV. El brujo, dramaturgo cordobés, es el autor de Autobiografía de un yogui y de la obra reciente y exitosa La segunda venida de Cristo o el yoga de Jesús.

Confiesa que se siente obnubilado por Paramahansa Yogananda, maestro de la meditación que abrió un puente entre las enseñanzas originales de Jesucristo y las grandes tradiciones espirituales orientales dos décadas, se empapó de san Francisco de Asís con las gafas de Darío Fo. Más adelante se adentró en La noche oscura del alma, de san Juan de la Cruz. Se acercó después a santa Teresa. Hace cinco años presentó en Los dioses y Dios las relaciones entre el paganismo y el cristianismo…

No me imagino a Dios como persona concreta –dice el cómico andaluz-. Para mí Dios es una realidad infinita, imposible de encerrar en una imagen humana. Las representaciones tradicionales -un anciano sentado entre las nubes, por ejemplo- son símbolos que ayudan a expresar algo mucho más profundo, pero no describen lo que Dios es. El le percibe como una realidad infinita que puede manifestarse a través de las personas. (…)  Para un cristiano, esa manifestación alcanza su plenitud en Jesucristo, pro también puede reflejarse en cualquier ser humano que despierte plenamente ese potencial espiritual que lleva dentro. (…) Eso es precisamente lo que enseñan los grandes maestros de la India. Cuando una persona alcanza ese estado de realización interior, trasciende muchas de las limitaciones que normalmente atribuimos a la naturaleza humana. De ahí nacen los relatos sobre milagros  o experiencias extraordinarias presentes en todas las grandes tradiciones espirituales.