Siguen los pesados calores de septiembre, con más de treinta grados todos los días, y sin una gota de agua. Seguimos, cada día que pasa, más cerca de la Cuenca del Segura, a la que seguimos en sequía en toda España. Por eso hoy salimos pronto y cuando llegamos al pie del castro, todavía nos da en la cara el cierzo suave de la mañana, que suele recibir el poético nombre de brisa. No hay una sola nube en el cielo azul.
A pocos kilómetros de los castros de Mendillorri y Sarriguren, está el castro de Urri, al oeste y no lejos del concejo de Ibiricu, en pleno valle de Egüés. Quien invento aquello de Elcano, Ibiricu, Egüés, ¿quién está en medio de los tres? sabía bien, que en medio no está ninguno de los tres, porque no hay medio, sino un triángulo irregular, en el que Elcano ocuparía el vértice. A lo largo del camino vamos mirando y contemplando los tres núcleos del Valle, con tres iglesitas de la misma factura; la de Ibiricu hace de vértice del pequeño triángulo del caserío arbolado, con colores blanco y color tierra. El concejo de Egués ha crecido mucho a uno con su extenso polígono industrial, mientras que los otros han conservado más o menos sus cascos históricos con algunas añadiduras . Elcano abriga en sus cercanía la Clínica Ubarmin, adscrita al Hospital Universitario de Navarra, especializada en traumatología y rehabilitación, cuyos servicios todos los que hemos pasado por ella tenemos que agradecer. Subido a una ladera está más al norte la iglesita del concejo de Alzuza, encima del moderno Museo de Oteiza, inaugurado en 2003.
El antiguo poblado se encontraba a una altura de 666 metros, en un cerro testigo, de figura circular, ahora ocupado en su mayor parte por los pinares de repoblación. Está rodeado por los cuatro costados por colinas y cerros pinados y pinosos como él. Por una buena pista que sale del pueblo, entre piezas de tierra blanca y levemente marrón, subimos por un viejo camino, destruido en su arranque y mantenido luego, que bien pudo ser el camino que rodeaba al castro por el noroeste para llegar hasta él oppidum, en sentido contrario a las agujas del reloj. El camino, muy empinado y con curvas muy pronunciadas, con claras huellas de los tractores que lo atraviesan, está reseco y lleno de hendiduras. El pinar fue en su día monte de olmos montanos, de robles y encinas, que se resisten a desaparecer entre los pinos y hacen actos de presencia sobre todo a orillas del pinar. En la parte alta se espesa la vegetación, con muchos enebros, agavanzos, zarzamoras, aliagas, cornejos…, que se mezclan con ramas y troncos de pinos por el suelo, formando una prieta maraña que hace el pinar impenetrable. La flora brilla por su ausencia. Solo hemos visto, al comienzo del camino, una pimpante hierba de Santiago, en toda su amarillez, y después, dos perdidas azulinas y unos decrépitos enjalmes en un ribazo.
Lo dio a conocer Amparo Castiella en 1977 y lo estudió después Armendáriz. Lo que queda de la antigua fortificación es un derrumbe de tierras y piedras en la parte meridional dela cima, donde debió de estar la acrópolis o habitat del poblado, que ocuparía 17.700 metros cuadrados, mientras la parte septentrional ocuparía, dedicada talvez a servicios económicos o ganaderos, otros 14.500. Es evidente también el terraplén artificial con fuerte pendiente de varios metros en todo el perímetro, que es hoy un campo de cereal, en forma de óvalo irregular, ahora en pleno rastrojo . También a media ladera, en la vertiente sur, la menos pendiente, aparece la estructura de un viejo foso, ahora cubierto también de pinos. Otras partes de las defensas de castro están dedicadas igualmente al cultivo del cereal.
Armendariz encontró cerámicas propias de todo el periodo del Hierro, algunos molinos de mano y algunas tejas de construcción (tegulae). El castro, de considerable magnitud, tuvo un preponderante papel en la vigilancia y control del paso entre el castro principal que fue Pamplona antes de su fundación por Pompeyo el año 72 a. C. y el corredor de los futuros Lumbier-Aoiz. y fue seguramente el origen más importante del actual Valle de Egüés.