Guinea Ecuatorial, la única ex colonia española en Áfrca fue el cuarto y último país visitado por el papa. Recibido por el presidente de la República en el aeropuerto de Malabo, los más viejos recordaron la visita de una día que les hizo en 1982 Juan Pablo II. En su homilía, y siempre en perfecto español, Robert Prevost hizo suyas las palabras dirigidas por aquel pontífice a un Jefe del Estado ideal, que no era ni es precisamente el que los recibió y estaba junto a ellos: el dictador Obiang Nguema Mbasogo, en el poder desde 1979: el centro simbólico hacia el que convergen las vivas aspiraciones de un pueblo a un clima social de auténtica libertad, de justicia, de respeto y de promoción de los derechos de cada persona o grupo, y de mejores condiciones de vida, para realizarse como hombres y como hijos de Dios.
Tras elogiar la ciudad de Dios agustiniana, la que quiere servir a sus habitantes, se alineó con su predecesor Francisco para coincidir en la denuncia de las desigualdades y de la economía que mata: la de las guerras de hoy y ayer, fruto de la colonización de yacimientos petrolíferos y mineros. Alentando así a Guinea Ecuatorial a no dudar en revisar sus propias trayectorias de desarrollo y las oportunidades positivas de situarse en la escena internacional al servicio del derecho y de la justicia.
En la Universidad Nacional bendijo el primer campus del planeta que lleva su nombre, y descubrió, agradecido, su propio busto en la plaza central de unos edificios levantados con inversión china, consciente de que un honor semejante excede a la persona y remite más bien a los valores que juntos deseamos transmitir. Ante los universitarios, hermosas palabras sobre la verdad, que no se fabrica, ni se manipula, ni se posee como un trofeo, sino que se acoge, se busca con humildad. y se sirve con responsabilidad.
Escalas en la zona continental, en Mongomo y Bata, en la basílica de la Inmaculada Concepción, centro mariano del país, y para bendecir la primera piedra de la nueva iglesia dela Ciudad de la Paz: Que crezcan los espacios de libertad y que se salvaguarde siempre la dignidad de la persona humana: pienso en los más pobres, en las familias en dificultad.
Visitas a centros psiquiátricos y residencias de ancianos. Multitudes enfervorizadas en todas partes. De nuevo, celebración en el aeropuerto de Malabo: Me voy de África llevando conmigo un tesoro inestimable de fe, esperanza y caridad. En su discurso de despedida, el arzobispo de la capital destacó el papel que en esos 170 años de evangelización del país tuvieron los misioneros españoles, especialmente los sacerdotes diocesanos de Toledo y los misioneros claretianos. Hoy los ecuatoguineanos se consideran católicos en un 90%.