Con este título Antonio Caño, director expulsado de El País al ocupar el Gobierno Pedro Sánchez, y ahora uno de los críticos más feroces del sanchismo en las columnas de The Objective, da varias vueltas a su extrañeza de que la izquierda española haya sentido y sienta tanto atractivo por el papa Francisco (y por su inmediato sucesor) y haya hecho tan buenas migas con él.
En un periódico digital, donde, un día sí y otro no, han llamado peronista y populista al papa Francisco, el artículo me parece hasta amable. El autor se fundamenta en las buenas relaciones, en general, del Vaticano con el Gobierno español; en las visitas de la vicepresidente Yolanda Díaz al papa difunto y posterior elogio a León XIV; en los reiterados encomios a Francisco hechos por Pablo Iglesias Turrión; en la benevolente crítica general de su odiado El País al pontificado anterior…
¿Quién lo diría tras Marx y Lenin, tras el anticlericalismo secular del PSOE, y el no menos secular de anarquistas y comunistas, cuando la religión era, oficialmente, el opio del pueblo? Aunque el autor se olvida de la intensa relación de muchos cristianos católicos con la Izquierda española -respetemos el lenguaje hemipléjico imperante- desde el Vaticano II, y ya con los papas Juan XXIII y Pablo VI.
Tampoco se me hace tan difícil entender esa atracción en unos jóvenes izquierdistas españoles, tras los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, cuando conocieron un poco más de cerca al popular papa argentino -peronista o no, populista o no-, con sus encíclicas pero sobre todo con su acción diaria en pro del ecologismo, los migrantes, los pobres, los descartados, las mujeres…, y decidido pastor de una Iglesia atenta a las periferias, y con olor a oveja…
De todos modos, Caño llega a la conclusión de que esa atracción, esa proximidad y esa admiración se deben sobre todo a la búsqueda de una identidad y de una ejemplaridad mundial, que solo encuentran en figuras eclesiales como Bergoglio y Prevost, los dos, por cierto, papas, es decir, figuras máximas de la Iglesia Católica, fundada por Jesús de Nazaret.
¿A quién, en verdad, puede tener hoy una izquierda española, o de cualquier país, que se precie, como referente universal en el mundo de hoy? ¿Al presidente ruso, hoy símbolo de la extrema derecha? ¿Al presidente chino, su comilitón a la hora de la verdad? ¿A la Internacional Socialista, que preside Pedro Sánchez, y de la que no sabemos nada? ¿Acaso a los regímenes, tan izquierdistas y progresistas ellos, absolutos, corruptos y asesinos, de Cuba, Nicaragua o Venezuela?
Me extraña tanta extrañeza en el susodicho autor. A no ser que el artículo esté escrito, como casi todos, en la onda polémica de la actualidad política española, en este periódico donde predominan un grupo de liberales progresistas, excluidos de El País por sus adversarios o enemigos sanchistas.