Paz para el Valle de los Caídos

 

                       El 25 de marzo, y en presencia del abad presidente de Saint Pierre de Solesmes,  Dom Geoffroy Kemlin, del que depende la abadía madrileña, tomó posesión como prior de la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, el benedictino Alfredo Maroto, religioso de la misma comunidad, ex maestro de novicios  y responsable de la pastoral vacacional de la casa. En la homilía de la eucaristía con la que inauguró su mandato, expresó su deseo de que Cuelgamuros sea un monumento para la reconciliación y un Valle de paz. Se pone así fin a nueve años de priorato del famoso prior Santiago Cantera –nostálgico del franquismo, como le describió Félix Bolaños-, que tantos quebraderos de cabeza dio a esa comunidad y a la misma Iglesia de España. Como hombre de Dios, sensato y sereno, ha calificado Cantera a su sucesor, lo que es una buenísima señal.

Al fin de la amarga polémica se ha impuesto, parcialmente al menos, la sensatez y la concordia. Ni se derribará la cruz del monumento, si se cerrará la basílica, ni se expulsará a los benedictinos, consecuentemente, tampoco a los 40 escolares aunque se resignifique todo el conjunto, si se entiende como tal ayudar a comprender, desde una mirada de paz y reconciliación lo que sucedió durante la guerra civil y la dictadura en un lugar donde descansan los restos de miles de muertos en ambos bandos de la contienda.

Todo parece, a la espera de ese anunciado concurso internacional para la resignificación del espacio, que el diálogo continuo y las discretas negociaciones del Gobierno español, con Bolaños a la cabeza, con el Vaticano y el arzobispo-cardenal de Madrid, José Cobo, han dado por ahora un buen resultado.