Releyendo «La peste» de Camus

 

                                  Los medios de información  se entretienen estos días con el quinto aniversario de la pandemia del virus-19, recordándola, recreándola, maldiciéndola. Lo que no hice entonces, a pesar de haberla citado una vez en un poema, lo hago ahora: releer La peste (1947) de Albert Camus: una cima literaria. Lo que fue, en un caso mucho más grave, la ciudad de Orán (Argelia francesa), cerrada en sus murallas por la peste bubónica, basada tal vez en la epidemia de cólera en 1849, era Pamplona y cualquier otra ciudad española, no cerrada, pero con sus habitantes confinados en sus casas:

   – El sufrimiento profundo que experimentaban era el de todos los prisioneros y el de todos los exiliados, el sufrimiento de vivir en un recuerdo inútil. Ese pasado mismo en el que pensaban continuamente solo tenía el sabor de la nostalgia. Hubieran querido poder añadirle todo lo que sentían no haber hecho cuando podían hacerlo, con aquel o aquellas que esperaban, e igualmente mezclaban a todas las circunstancias relativamente dichosas de sus vidas de prisioneros la imagen del ausente, no pudiendo satisfacerse con lo que en la realidad vivían.

(…)

Su desesperación les salvaba del pánico, su desdicha tenía algo bueno. Por ejemplo, si alguno de ellos era arrebatado por la enfermedad, lo era sin tener tiempo de poner atención en ello.

(…)

Había sentimientos generales como la separación o el miedo, pero se seguía también poniendo en primer lugar las preocupaciones personales. Nadie había aceptado todavía la enfermedad. En su mayor parte eran sensibles sobre todo a lo que trastornaba sus costumbres o dañaba sus intereses. Estaban malhumorados o irritados y estos no son sentimientos que puedan oponerse a la peste. La primera reacción fue, por ejemplo, criticar la organización. La respuesta del prefecto ante las críticas, de las que la prensa se hacía eco («¿No se podía tender a una atenuación de las medidas adoptadas»?), fue sumamente imprevista. Hasta aquí, ni los periódicos ni la agencia Randsdoc había recibido comunicación oficial de las estadísticas de la enfermedad. El prefecto se las comunicó a la agencia día por día, rogándole que las anunciase semanalmente.