Ocurrencias electorales (I)

 

         En los dos principales debates electorales tenidos en esta campaña electoral varios puntos importantes, y hasta capitales para nuestra nación, no han salido a relucir o han brillado por su ausencia, lo mismo da: la política exterior, la política de defensa, la situación de nuestra Justicia, la cultura española, la financiación autonómica, la agricultura, la revolución tecnológica, el cambio climático… Tampoco la Iglesia. ¿Quién lo iba a decir hace un sigio, y hace todos los siglos de nuestra historia? Bien es verdad que tras la Constitución, hasta la llegada de R. Zapatero al Gobierno, la Iglesia, una de los artífices de la Transición, tampoco fue objeto de litigio ni de gran preocupación. Pero con el bueno de Zapatero en el Gobierno y con su discípulo Sánchez González en la oposición, la denuncia de los Acuerdos Iglesia-Estado, la supresión de cualquier ayuda o facilidad a la Iglesia, la nacionalización de los bienes eclesiásticos, una nueva ley de libertad religiosa (o irreligiosa)… sonaban en cualquier mitin como amenazas inminentes o agresivas invectivas que imitaban la amplia antología de la literatura anticlerical hispana, en medio de los mayores aplausos de los enfervorizados asistentes a tamañas liturgias laicas, según todos los cronistas.

En el caso de R. Zapatero, y tras el caldito en la Nunciatura de Madrid, la cosa no llegó a nada, o todo quedó en aguas de cerrajas. A los neoleninistas de PODEMOS les hemos oído de vez en cuando, sin tanta solemnidad, las más valientes propuestas anticleriales. Pero ni unos ni otros dijeron ni siquiera aquello, tan mal dicho, de que con la Iglesia habían topado o iban a topar. No creo que tengan mucho miedo al voto reducido y ya tan variado de los que todavía se atreven a llamarse  o a que les llamen católicos. ¿O algo todavía, por poco que sea, temen perder ante el gran número de indecisos? ¿O es que ni eso les importa ya de la Iglesia? Dentro de unos meses lo veremos.

Y otro gran tema inédito: Europa. ¿Porque hay dentro de un mes unas elecciones ad hoc y entonces, y en la campaña previa, se verá? ¿Porque tampoco interesa asunto tan mayor a unos políticos de pan y vino caseros? ¿O porque, siendo un tema de Estado, como dicen los estadistas de este país, no hay demasiado espacio ahí para el florete, el duelo, el asalto, el ataque, ni siquiera para el lenguaje dramático-cómico-trágico, indispensable para ganar un juego floral-electoral? Dentro de unos días veremos.