El universo en acción de Sistiaga

 

         Siguiendo a Lupasco y a los nubistas de  Julien Alvard, el donostiarra José Antonio Sistiaga, del grupo vasco GAUR,  inauguraba en 1968 el cine cósmico con Ere Erera…, y continuaba, veinte años después, con Impresiones en la alta atmósfera (1989), Paisaje inquietante nocturno y En un jardín imaginado (1991), que hemos podido ver esta temporada en el Museo de Oteiza, en Alzuza.  Dios mío, qué mundos desconocidos en la pintura. Representaciones pictóricas, fotogramadas, y luego filmadas largamente, de la materia original después del Big-Bang y de las reacciones nucleares de los astros, gracias sobre todo al descubrimiento en los sesenta de la radiación fósil. Cometas y astereoides verdes, azules, rojos, amarillos, violetas…; chispas; gases; nebulosas brillantes; novas y supernovas; arrecifes inmensos, estalacticas gigantescas; islas imaginarias… Mundos fuera de lo visible. Mundos de lo infinitamente pequeño (quarks) y de lo infinitamente grande (unversso en expansión, con sus agujeros negros), a veces con un suave rumor de órgano  y grito jubiloso final (músca de Wim Mertens). Y después toda la flora (¿y la fauna?) de las visiones nocturnas, de  los sueños y de los jardines, con todos los colores, formas y combinaciones posibles, liminares y subliminares, en condiciones extremas de percepción y  de la pintura, de la velocidad y de los ritmos. Las palabras sobran, porque no llegan ni llenan, Hay qaue dejarse arrebatar por la magia del color, de las formas y de la música, y seguir en silencio el arrebato de este arte casi sobrehumano.