Paleolítico navarro

 

         A fines del Cuaternario Antiguo o Pleistoceno Inferior, hace al menos un millón de años, el Homo habilis, emergido al menos un millón de años antes, comenzó a extenderse desde el África meridional por el resto del mundo.

A la etapa final del Paleolítico Inferior (Cuaternario Medio) pertenecen los utensilios más antiguos encontrados en Navarra, que no parecen superar los 150.000 años. Sus dueños eran gentes de la estirpe de Homo erectus.

Así ese bifaz de cuarcita, hallado cerca de la Venta de Judas (término de Lumbier), y otros bifaces o raederas de sílex, ofita, basalto o cuarcita, encontrados en los yacimientos de Zúñiga, Urbasa (Aranzaduia, Bioiza) u Ordoiz (Estella), muy cerca de los afloramientos de las rocas, de donde arrancaban el material para tallarlo.

Durante los períodos conocidos como Paleolítico Medio (100.000-35.000) y Superior (35.000-8.500 antes de Cristo), los hombres cazadores de uros, bisontes, ciervos, caballos, renos, sarrios, cabras monteses…, que utilizan como campamentos base la entrada y vestíbulo de cuervas o abrigos rocosos, nos dejan el recuerdo de sus pétreas puntas de venablo y lanza,  raederas, raspadores, buriles, láminas de dorso…

Los principals depósitos fueron descubiertos en las cuevas de Zatoya (Abaurrea Alta), Abauntz (Arraitz), Coscobilo (Olazagutía), Berrobería y  Alkerdi (Urdax). Y en los términos de Etxauri, Olite, sierra de Alaitz y sierra de Urbasa (Mugarduia y Portugain),

En las oscuras oquedades vacías y en los vastos espacios boscosos de lo que hoy se llama Navarra resuenan aún los ecos de la voz creadora y ordenadora, recogida en el Génesis transcendente en los seres mismos: Infundiréís temor y miedo a todos los animales de la tierra y a todas las aves del cielo, y a todo lo que repta por el suelo, y a todos los peces del mar: Quedan a vuestra disposición.

“Cambios en la ley del euskera” (y II)

 

         Volviendo a los términos de la ley, algunos pueblos, donde no se oye nunca hablar el vascuence/euskara, fueron incluidos en la zona llamada vascófona, más por tradición o por nostalgia que por necesidad, y la zona mixta se extendió a ciertos pueblos, en los que no había nada de mixto, aunque sí el nombre euskárico, y no siempre, o la toponimia euskárica. No voy a demorarme en el asunto de la toponimia, ya que Aurelio Arteta escribió largamente sobre los criterios utilizados por la Real Academia de la Lengua Vasca (que para las ocasiones se usa su nombre en castellano) y por los organismos correspondientes del mismo Gobierno de Navarra, siempre bajo el alto parecer y criterio de aquélla, nada neutral en ciertos casos, por definición. Arteta denunció una y otra vez excesos, abusos y hasta atropellos en ese terreno, y, que yo sepa, nadie ha podido suficientemente rebatirlos. Román Felones contempla en la segunda parte de su trabajo el caso de una treintena de localidades que pretenden ahora incluirse en la zona mixta, como fue el caso de  cuatro ayuntamientos,  ya previsto en la ley original, y que  fueron incluidos en el año 2010. No creo, por cierto, que Aranguren o Noain tengan más méritos que algunos de los ayuntamientos que ahora solicitan el mismo trato. Felones pregunta con toda razón dónde están en esta ocasión los estudios que avalan esta modificación, como exige la ley, pero de ciertos estudios, hechos a base de encuestas, habría que decir aquello que Ortega decía de los tontos que son los que que presumen de saber lenguas. ¿Quién se cree las opiniones de los que dicen saber una lengua, y hasta dominarla, en el habla y en la escritura? ¿Cómo llega el investigador a estar seguro de ello? Por otra parte, ¿con qué objetividad y garantía se hacen esos estudios? El autor recalca la necesidad de un mayoría social en los municipios que deseen pasar a la zona mixta. Y aqui hay que distinguir bien entre municipios y ayuntamientos. Las mayorías de los municipios son cambiantes y las de los ayuntamientos, por una serie de posibles combinaciones, políticas o no, lo son todavía más. Una especie de rechazo, por sistema, a las mayorías cualificadas ha llevado en todas partes a disparates sin cuento: en magnitudes grandes, por ejemplo, tenemos el caso del Brexit o del referéndum de Escocia, los dos sujetos a la disparatada solución de la mitad más uno. En nuestro caso, una mayoría coyuntural basta para tomar una decisión tan grave que, afecta  en verdad no sólo a la enseñanza, para poder abrir una línea de modelo D -de cuyos frutos seguimos desde un comienzo sin saber nada-. sino también, ay, a la oferta pública de empleo, con las consecuencias que ello implica, y que todos sabemos cuáles son. En definitiva, concluye el autor, ni los estudios sociolingüísticos, ni la demanda social, ni la discontinuidad geográfica, ni la  vía municipal utilizada avalan un cambio de esta magnitud. La ley dei 86 fue aprobada con 29 votos. Esta reforma,, caso de salir adelante, lo hará con 26. Tiene, por tanto, recorrido limitado y fecha de caducidad. Mal asunto para una ley orgánica que requiere garantía de continuidad para el futuro. Justo lo que tenía la ley inicial.- Una posición valiente, aunque matizable, que me gustaría ver sobre todo en otras personas que aprobaron aquella ley o aprobaron sus reformas. En cualquier caso, creo que a muchos más nos afecta la responsabilidad, por activa o por pasiva. Y me temo que nuestros justos lamentos actuales lleguen demasiado tarde.

“Cambios en la ley del euskera” (I)

 

        Tengo que agradecer a mi amigo Román Felones haber escrito, con ese título, en DN del día 23 de marzo, aunque la original, aprobada el 2 de diciembre de1986 se llamara Ley Foral del Vascuence. Él era entonces consejero de Educación y Cultura y la conoce como pocos. Pero hubiera preferido yo que hubiera sido un poco más autocrítico, ya que la autocrítica es elemento esencial de toda crítica, y la crítica elemento esencial de todo pensamiento. Porque no todo fue perfecto. Reconoce Felones que “los más fluidos fructíferos contactos” fueron con los nacionalistas (vascos) de EA. Eran entonces los de EA, recién separados del PNV, unos perfectos progresistas, sobre todo a favor de su causa nacionalista/independentista, con los que era una gloria conversar y pactar. Pero, curiosamente, los cuatro parlamentarios, “quienes más habían empujado y participado en su preparación y redacción inicial” acabaron votando en contra de la ley, “con la boca pequeña” o no, si es que tenían otra. Su antiguo y ya reprobado partido, el PNV, les había dado un  reciente ejemplo con algunos artículos de la mismísima Constitución española. Así que los 20 parlamentarios socialistas se quedaron con los votos de un partido de fugaz ficción, que era el Partido Moderado; con la nonada que era y siguió siendo el Partido Popular, y con el reducidísimo Grupo Mixto, que no era ni siquiera un partido. Los 11 parlamentarios de UPN, el partido que, tres años después comenzaría a ser el partido hegemónico de Navarra hasta hoy mismo -y lo que te rondaré, morena-, tras una beligerante oposición, se abstuvieron, qué remedio. Los 6 parlamentarios de HB no estuvieron presentes, como era una venerada tradición en ciertos casos desde 1979. Fue este, pues, según los que entienden más que yo, uno de los vicios de origen de la ley. Como era de prever, a la media vuelta EA quiso cambiar una y otra vez la cosa, y en eso ha estado hasta hoy, porque desde el principio estuvo en contra de la zonificación, preceptuada por el artículo 9 de la ley de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra, de 1982. No sólo eso. EA y sus compañeros de raza, HB y sus múltiples y posteriores denominaciones, ahora en una sola coalición política, han conseguido hacer no sólo verosímil sino cierto en sus ámbitos independentistas el mantra de que UPN y PSOE, los únicos partidos que han gobernado Navarra, son los mayores enemigos del vascuence/euskara, y no sólo enemigos, sino incluso perseguidores. A pesar del dineral que ha exigido. A  pesar de los esfuerzos, ilusiones y trabajos, de todo género, de miles de personas.  A pesar de la “funcionalidad y validez” que, según el autor, sigue manteniendo la Ley del Vascuence. en orden -añado yo- a 1) recuperar el vascuence/euskara en algunos sitios donde se había perdido; 2) extenderlo a lugares donde nunca se habló, así como 3) incorporarlo a la función pública de Navarra, sirviendo a la vez a la cultura lingüística de los navarros y a los fines específicos del nacionalismo-independentismo vasco.

Cuarto domingo de Cuaresma

 

Jn 9, 1-17

Al pasar Jesús por una calle
de la ciudad santa,

vio  a un ciego acurrucado en su yacija.
El ciego no le vio ni le pidió,
como otros, el milagro,

pero el Maestro, una vez más,
se compadeció de su infortunio.
Escupió esta vez en la tierra que pisaba
y con el barro blando
-símbolo de la ceguera-
le untó los ojos ciegos
y le mandó a lavarlos
a la piscina de Siloé,
en el lado suroeste
de la colina oriental de la ciudad.
El ciego creyó y obedeció
y, al volver donde el Maestro,
veía ya la luz de la mañana.

Y corrió la voz de que Jesús de Nazaret,
que era la Luz del mundo,
daba luz a los ciegos,
anunciando así
la alegre noticia del Reino.

 

¿”Por muchos” o por todos?

 

        Muchos fieles que participan en la misa se habrán visto sorprendidos por el reciente cambio en las palabras de la cena de Jesús, pues donde después del Vaticano II se decía por todos, ahora, varios años desspués de la discutida, y en muchos sitios no obedecida, reforma de Benedicto XVI, comienza decirse en algunos sitios, como España, por muchos. Es cierto que la traducción literal del texto en  Marcos y Mateo es: Esta es mi sangre de la Alianza que es derramda por muchos. Aparte que un texto litúrgico no es un material para un examen universiatario de griego, latín o español, ese adjetivo sustantivado en caso dativo del plural del griego bíblico, hyper pollôn (por muchos), es aqui un semitismo, que no se opone necesariamente a todos, y puede significar: todos, que son muchos. Por otra  parte, en griego clásico, polús, pollé, polú, y, en concreto, oi polloí suele significar; los más, la mayor parte de los hombres, la multitud, la muchedumbre, el pueblo.

¿Vuelta al viejo Estatut?

 

        Parece que el programa de cara al próximo congreso del PSOE tiene una serie de iniciativas respecto de Cataluña. En este momento puede conseguir algunos votos de los difíciles afiilados del PSC-PSC/PSOE para Susana Diaz, que los tiene más inseguros que Pedro Sánchez. No sé qué querrá decir: cambiar  la política linguística, y tampoco: restaurar mediante reformas legislativas y otras medidas, que no contradigan la doctrina constitucional, todos aquellos elementos de autogobierno dañados tras la sentencia del Estatut. Si es lo mismo que quería R. Zapatero y el grupo capitaneado por Batet, mal lo tenemos. Ya la palabra dañados lo dice todo. Mala papeleta también para el actual Tribunal Constitucional, con más complicada composición que el anterior, que dañó aquellos artículos. ¿Pero no eran anticonstitucionales? ¿No querían reformar, vía Estatuto, lo que requiere un cambio constitucional, como las competencias de Justicia? ¿Eso lo aprobarían las demás Comunidades Autónomas?  Y ¿quién ve, hoy por hoy, el consenso de dos tercios o tres quintos en las Cortes?. Pero tal vez no haya que adelantarse. El PSOE necesita para sobrevivir alejarse del PP, mientras se pueda, y adelantar a Podemos, por donde se pueda.

El deseo obsesivo de admiración

 

    Uno de los muchos párrafos más significantes e interpretadores de la bella y multidimensional novela de Milan Kundera, La vida está en ota parte, es aquél que dice: El deseo obsesivo de admiración no es un simple defecto que va unido al talento del poeta lírico (como ocurriría en el caso de un matemático o un arquitecto), sino que forma parte de la esencia misma del talento lírico. Es algo que lo define directamente, porque lírico es aquél que muestra su autorretrato al mundo, llevado por el deseo de que su rostro, pintado sobre la tela del verso, sea amado y endiosado. Hoy, en un mundo tan intercomunicado e intrincado por la imagen y el autorretrato más que por los versos, las personas públicas se comportan como el poeta lírico de Kundera. Los políticos, en primer lugar, han devenido en políticos líricos.

Últimos aforismos

 

–  Muchos hablan y prometen con la boca pequeña, porque… no tienen otra.

– El poeta y jardinósofo navarro, Santiago Beruete, dice que la jardinería es el oficio más viejo del mundo. Otros dijeron antes que es la prostitución. ¿O será que el primer acto de este último oficio tuvo lugar mientras se hacía el primer jardín?

– El ladrón cree doblemente en la propiedad. Como el bígamo en el matrimonio.

El infierno de Savater

 

    Fernando Savater, filósofo y hombre de letras, sincero agnóstico -para quien el cielo y el infierno están en esta vida- y acerado crítico de la Iglesia, acaba de escribir, siguiendo la tesis o la parábola de  Swedenborg, evocado por Borges, una emotiva descripción de su propio infierno, tras la muerte hace dos años de su mujer, cuando las cosas de su mundo se van difuminando y perdiendo sustancia: libros, películas, platos compartidos; sitios conjuntamente recorridos… Llega el infierno y se revela su condena más atroz: creyendo que él está vivo y que es ella la que ha muerto. Mutatis mutandis, ese es, aparte otros infiernos que puede traernos la vida, el infierno definitivo para todo creyente, según la mejor teología de hoy: Dios desaparece de  nuestra vida, actual y futura, en este caso porque nos separamos de Él, y todas las cosas de nuestro mundo se difuminan y pierden sustancia, Creemos que estamos vivos y que Él es el que ha muerto. Y es justo al revés.

Recuperación del popular San José

 

            No creo que sea posible hasta que recuperemos la verdadera dignidad de la  virginidad exegética y teológica, y no sólo fisiológica, de la Virgen Madre de Jesús el Cristo, el Hijo de Dios Altísimo, concebido por obra del Espíritu Santo. Hasta entonces la figura de José, de quien apenas sabemos nada -si es que pudo librarse de alguna incursión de las legiones romanas en su aldea de Nazaret, cercana a Séforis-, será siempre secundaria, lateral, como en los cuadros clásicos, envejecida, cuando no arrinconada, siempre propensa a bromas de mal gusto y chirigotas carnavalescas.  A pesar de Santa Teresa, que  tanta devoción le tenía, confiada en su protección, y de los millones de fieles que le honran con su nombre, en todos los idiomas de la  Cristiandad.