Segundo domingo de Cuaresma

 

    Si la Cuaresma es la la preparación para la Pascua, el Cristo crucificado ha de ser contemplado a la luz de Cristo transfigurado, es decir, resucitado. El lenguaje parabólico -llamémoslo así, para no entrar en más dibujos-, tan habitual en los Evangelios y tan descuidado en la predicación como desconocido entre el pueblo católico, construye un relato literario ejemplar. Jesús aparece en compañía de Moisés, como nuevo Moisés, maestro de la nueva ley -el Tabor como Sinaí y Dios en la nube peregrina-, y en compañía de Elías, como profeta último y máximo, cumplidor de todas las anteriores profecías. Pero antes tiene que sufrir la prueba de su humanidad finita y frágil, hasta la muerte màs atroz. Divinidad y humanidad. La fe y la esperanza en Dios de todo creyente y esperante son en este mundo virtudes transfiguradoras, que lo convierten en testigo de una realidad positiva y luminosa.

¿Estado sin Nación?

 

         No es verdad que España sea un Estado sin Nación, como afirma Santiago Alba (¡nombre tan evocador en la reciente historia hispánica!) y que Cataluña no pueda separarse de ella hasta construirla, poque no existe. Tal vez el autor ha quedado preso en su ingeniosa paradoja. Otra cosa es que la Nación no sea  tan fuerte como el Estado, ni tan recia y compacta como otras (Portugal o Francia). Además, los independentistas catalanes, según ellos mismos afirman a cada paso, no quieren separarse de la Nación española, sino del Estado español. Y, sobre todo, contra el falso principio sectario de que Patria no hay más que una, muchos más catalanes se entienden, se quieren, se sienten parte viva de esa Nación, de esa Patria, de ese Estado, que son de todos nosotros, y también míos.

De Roncesvalles a San Juan, entre nieves

 

      Elegimos el curso del Irati, que casi ha llenado, junto al Urrobi, el embalse de Itoiz, para remontarlo a contra corriente y quitarnos aquella triste impresión que nos dejó a comedios de noviembre, cuando era sólo un regacho cansado y cansino. Es el primer bosque encantado que vemos esta mañanita del primer febrero. Oroz-Betelu está tan bello, como lo pintó literariamente J. M. Cabodevilla en San Josecho, a lápiz, bajo la nieve. Dormitante y como ensoñada está el barrio de Olaldea, hoy más solo que nunca. Y el valle de Aézkoa, al que abocamos, se halla atrapado por el nevazón. Auritz-Burguete es una estampa alpina en una ruta fantástica y universal. La nieve, recién caída y amanescente, lo llena todo. Impoluta y fúlgida, apelmazada, prefiere uno no ver a nadie pisarla ni mancharla. Sólo vemos a dos paisanos dejar con sus palas expedita la salida de su casa. El Girizu, desde aqui, es un perfecto cono de nieve, El camino real a Orreaga-Roncesvalles, si en mayo es tan bello, ahora es incomparable. Las hayas no pueden más en su bellezón nevada. También la cruz de los peregrinos está bendecida por la nieve. Aún está la nieve apegada todavía a las cubiertas rebaladizas de la colegiata de Roncesvalles, como si esperase a los fotógrafos, que tardan en llegar. Los carámbanos que cuelgan del tejado del viejo molino, más que una dentadura de hielo o un reto de armas blancas, parecen una exhibición de lanzas. Los muchos visitantes madrugadores motean el panorama níveo con sus borlados gorros multicolores y son ellos mismos artífices del cuadro pintoresco que todos queremos ver. La subida a Ibañeta, la vista cimera del valle de Carlos y el largo y quebrado descenso entre las dos cadenas de montes nevados retienen toda nuestra contemplación y hacen imposible la descripción, nunca más innecesaria. Qué claridad cegadora desde Lindus al Atxistoi, al Izoztegi, al Mehatze… Desde Mendibeltz, al Leizar Atheka, al Urdanarre… Ninguna montaña tiene hoy forma de lomo de asno (Astobizkar), sino de alas de arcángeles o querubines, por donde revoltean los manes de Roldán y los manes de Turpín. Nunca habíamos visto una masa tal de nieve a nuestros costados, una carretera tan limpia, y un sol de invierno tan claro y clarescente, que clarea y sonrosa la nieve espesa que sostienen los brazos de los hayedos y las rocas de las laderas montañosas, donde se encrespan los viriles carámbaros -que en mi pueblo llamábamos chinchurros-, y en cuyas quebradas saltan los primeros regatos nivales. Una peregrina oriental, posiblemente coreana, que sube pausadamente hacia Roncesvalles, se nos representa como la figura recortada de la fragilidad, de la menesterosidad y del voluntarioso y poderoso esfuerzo humano. A Luzaide-Valcarlos y sus muchos barrios también los invadió la nevasca, pero se va retirando a medida que nos acercamos al barrio de la frontera. Cuántos recuerdos gratos en Azoleta, en Pekotxeta, y en los viejos dominios, hoy franceses, de la casa madre de  Roncesvalles. San Juan de Pié de Puerto me parece el mismo lugar que conocí hace cuarenta años. Aquel proyecto de  desvío de la carretera, del que entonces todos hablaban y casi nadie quería, sigue, por eso, sin hacer. El mercado ha podido con todo. Damos ferrete a unos bocadillos apetitosos en la explanada soleada de la Citadelle, hoy título de un colegio local, con sus fosos inmensos y su estampa arrogante. Quien la tuviera un día, agramontés o beamontés, francés o español, tenía toda la tierra de Ultrapuertos, que un día del último 1527 -año del Saco de Roma- abandonó el César Carlos, aburrido de tanta curva, tanta montaña y tanta nieve, que le hacían perder hombres y dineros. El Arradoyer retiene sólo una caperuza de nieve, pero la nieve reina soberana en los montes de Cisa y en las cimas pirenaicas del Behorlegy, Errotzate y Arranohegi. Un vientecillo fino, afilado por la nieve, no le deja un momento solo al sol. Paseamos un rato por las calles comerciales de San Juan. La iglesia parroquial, dedicada a la Virgen del Puente, está, como siempre, tan abierta como el río nival, hoy arrugado por el viento, no vemos truchas. Hay este sábado una carrera ciclista, cuya organización llena de ruido y de afición trepidante la zona, extramuros, del mercado. Pero nosotros queremos volver a ver el espectáculo de la nieve, volviendo a subir el valle de Carlos, espectáculo que, en el mejor de los casos, sólo puede contemplarse una o dos  veces al año.

Últimos aforismos

 

   – Resulta que en Tasmania, el único sitio del mundo donde se habían refugiado los demonios, el cáncer los va ahora diezmando.

   -Un historiador español de los siglos XIX y XX ha profetizado que dentro de 3.000 años no existirá España, y tampoco Cataluña. Pero para adivinar el futuro no sirve del todo la lección magisterial  de unos centenares de años del pasado.

   -El hedonismo es el placabo de la felicidad.

   –Si en Suiza quitáramos la nieve… sugería el novelissta inglés Graham Green. Si a todos nosotros nos quitaran las muchas y variadas nieves que no cubren y adornan, nos pareceríamos a la Suiza sin nieve.

   –

Católicos ante la bioética (y III)

 

     Subraya igualmente el doctor Garrido en su trabajo citado que la bioética nos ayuda a orientar una adecuada distribución de los recursos sanitarios para alcanzar la equidad. Por un lado, erradicando mecanismos más o menos conscientes que discriminan a los más frágiles  y vulnerables (ancianos, enfermos dependientes, personas solas, con alguna discapacidad…). Y, por otro, nos interroga sobre cómo introducir mecanismos correctores, incluida cierta discriminación positiva, que permitan a las personas con menos recursos enfrentarse a sus problemas de salud, especialmente en el ámbito de la Atención Primaria. Y trae el caso  del Real Decreto Ley 16/2012 sobre medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud, que puso en pie a muchos profesionales ante la falta de cobertura sanitaria no urgente a personas sin medios para asegurarse su permanencia en territorio español, algunos de los cuales echaron de menos la voz crítica de la jerarquía católica, si bien Cáritas lo denunció sin paliativos. Plantea finalmente el experto bioético la conveniencia de que nos interroguemos sobre si es suficiente la movilización que ejercemos como ciudadanos y como cristianos en defensa de una mejor distribución de los recursos en general, y de los sanitarios en particular, para  hacer disminuir las desigualdades crecientes. Porque, sin un aumento claro de los recursos del área social, o sociosanitarios, no va a ser posible seguir atendiendo la creciente vulnerabilidad de las personas con las respuestas morales mínimas que una sociedad debe proporcionar a sus ciudadanos.

Católicos ante la bioética (II)

 

         Discurre Garrido también  sobre la limitación del esfuerzo terapéutico (LET), sobre la sedación paliativa y el rechazo de ulteriores tratamientos, puntos más o menos reconocidos, aceptados y utilizados por la gran mayoría de creyentes. La LET y la sedación, en el contexto de una enfermedad progresiva, cuando tiene por finalidad eliminar el sufrimiento, tras haberse hecho esfuerzos por otros medios para controlarlo, no causan la muerte, sino permiten que la enfermedad siga su curso. Disminuyen también, aunque no hacen desaparecer para muchos la necesidad de plantearse el escenario de la eutanasia. Ayudan a acortar la muerte sin acortar la vida. Más arriesgado es el nuevo paso ante la eutanasia y el suicidio asistido, hecho en principio impensable desde el concepto esencial de las profesiones sanitarias. Garrido piensa que adquiere sentido valorar y debatir su admisibilidad, siempe como excepción, cuando se produce en un contexto de sufrimiento que no puede aliviarse de otra manera y dentro de un principio también muy importante para los profesionales, que es el de “no abandono“. Reconoce que en ese contexto se encuadran algunas noticias de estos últimos años que causaron impacto en el entorno creyente cristiano, como la declaración del Instituto Borja de Bioética, la aplicación de la eutanasia en los hospitales de los Hermanos de la Caridad en Bélgica o el apoyo a la muerte asistida argumenado por Hans Küng en su libro Una muerte feliz.

Católicos ante la bioética (I)

 

   El trabajo de  Juan Antonio Garrido, especialista en Medicina interna y experto en Bioética sanitaria, publicada en el nº. 3.068 de VN, me parece un resumen  cientificamente serio y socialmente ajustado, que puede tener en sus manos un católico ilustrado español en busca de la verdad en el delicado y complejo campo de la bioética. Garrido piensa, por ejemplo, que, aunque  no todo lo moralmente reprobale es delito ni la despenalización supone estar haciendo un juicio moral positivo, es poco clarificador hablar del aborto como un derecho, algo muy distinto de que la sociedad decida asegurar los medios para que los casos despenalizados se lleven a cabo con seguridad. Y en este  campo de la despenalización del aborto sostiene que los cristianos podemos y debemos enriquecer la ética cívica exigiendo, con argumentos, esfuerzos para evitar embarazos no deseados, haciendo un trabajo pedagógico en este sentido ante el elevado número de abortos en España, y sobre todo ante la menor valoración de esta cuestión en nuestra sociedd.Pero, si este esfuerzo debe incluir conocimiento y facilidad de acceso a métodos anticonceptivos, hay que hacer por fuerza  una reflexión sobre los mensajes relacionados con la penalización moral del usod el preservativo, aunque esa penalización tenga ya escasos efectos incluso entre los católicos hechos y derechos. Garrido la hace de la manera más fina, apuntando sólo los daños generados hasta aqui  por esa penalización rigurosa y desacreditada, a la vez que alude a la falta de adaptación a  nuestro tiempo de la respuesta evangélica a las las necesidades de las personas.

Primer domingo de Cuaresma

 

         El nuevo Adán, que es Jesús de Nazaret, también aparece tentado al comienzo de su vida pública,  Hombre perfecto, y semejante a nosotros menos en el pecado, tenía que ir superando los halagos de los instintos tiránicos de poder, poseer y placer: las tres idolatrías que desplazan a Dios de nuestra vida. Jesús las vence en el desierto, símbolo del  esfuerzo y de la ascesis a lo largo de toda su vida, con el ayuno, la oración, la austeridad de costumbres, y, sobre todo, con una solidaridad constante y proactiva al servicio de la gente, manifestada de manera especial con los enfermos, los proscritos de la sociedad, los pequeños, los últimos.

Los obipos de Cataluña

     Leo en Catalunya Cristiana que los obispos catalanes, en la nota publicada con motivo del comienzo de la Cuaresma, aluden a muchas cosas, elementales y sabidas, como el problema político catalán, la concordia, el diálogo, la pluralidad de la sociedad, la democracia, la necesidad de un gobierno…, pero no aluden para nada a lo más importante ocurrido en los últimos meses en Cataluña: las graves infracciones y violaciones de las  leyes, del Estatuto, de la Constitución y del Estado de derecho. Parece que les importara un comino el Estado de derecho, en el que viven, al que deben respeto y obediencia, y por el que, en buena parte, son lo que son. Tan partidarios del diálogo, parecen olvidar que la ley, que toda ley incluye muchas horas de diálogo y que quienes se saltan las leyes se saltan asimismo toda posibilidad de diálogo. No mencionan siquiera, al mencionar la crisis económica y social que vive Cataluña, el grave deterioro de la economía, la fuga de empresas y sobre todo la fractura social y política que ha traído el independentismo ilegal, unilateral, extremoso y hasta ridículo de una parte de la población. Se refieren, compasivos, a la prisión preventiva de algunos antiguos políticos y líderes de opinión, pero no a las causas que los llevaron a esa situación, Y siguen sin hacer la más mínima mención de la injusticia y grave daño para todos que supone la campaña agresiva y constante de una parte de la clase política catalana por separarse de España y el movimiento de aversión y odio que generan hacia un País, donde algunos de los prelados han nacido, han pasado media vida y han ejercido su sacerdocio y episcopado, caso del cardenal de Barcelona y del arzobipo de Tarragona, entre otros. Se dicen ciutadans d´aquest pais (¿de cuál?), y no se atreven a decir que lo son propiamente sobre todo de España, a cuya Conferencia Episcopal pertenecen, además de ser pastores de la Iglesia que camina en Cataluña, Finalmente piden a los fieles lo que ellos son incapaces de hacer, por miedo, como tantas veces en la historia, a su inmediato cerco político. Y acaban pidiendo también a Dios que haga lo que deben hacer ellos mismos, sin endilgar a la Divinidad lo que es deber de los hombres en esta vida, aunque les  cueste caro .¡Pobres diablos!

Cistercienses en Navarra (y II)

 

           Ya no huele a granjas de cerdos ni a establos de vacas en el atrio del monasterio cisterciense de Santa María de La Oliva (s. XII-XIII). Ni el establo ni la granja, seculares y un día rentables, existenn ya. Pero, al entrar en la bellísima iglesia gótica -similar a las  deValbuena, Flaran o Fontfroide-, sí huele a bodega sin vino. La delicada luz natural, que penetra por las cinco ventanas abocinadas del ábside, apenas si nos deja ver el reducido muestrario de pencas, piñas, monstruos y hojarascas de los capiteles. La bodega del vino, harto reputado por cierto, y la quesería están un poco más lejos de la paz y del silencio monásticos.

En la iglesia abacial, hoy parroquial, de Fitero -dentro de la tradición de Clairvaux, Pontigny o Poblet-, la luz nos llega por los grandes ventanales abocinados de las naves, los más reducidos de la girola, y los rosetones en los brazos del crucero y del hastial, haciéndose universo de gloria limpia, recogida en la desnudez arquitectural.

El puro y maduro enramado de esbeltas columnas y bóveda de crucería, sobre el ancho tronco de pilares cruciformes y potentes pilastras, nos sobrecoge. Nos transporta al silencio fervoroso de las esferas, a la contemplación de la unidad más varia, al gozo que salta del corazón y, antes de volver a él, recorre el claustro.