¿En favor de la dictadura?
El reciente informe Jóvenes Españoles 2026, de la Fundación SM (Sociedad Marianista) contiene muchos puntos interesantes y da mucho de sí, no solo por sus novedades, que son varias, y de la que quiero hablar estos días.
La primera, la más extravagante, que ha aparecido en algunos medios de información, que suelen pasar olímpicamente de estos estudios, con énfasis en algunos de sus epígrafes: Casi la mitad de los jóvenes españoles a favor de la dictadura.
¿Qué hay de todo esto? Pues que, según la encuesta, el 68 por cierto de estos jóvenes interrogados declara poca o ninguna satisfacción con el funcionamiento de la democracia, mientras que el apoyo al sistema vigente ha pasado del 80% en 2019 (según datos del CIS) a rondar el 60%. A veces hace falta mano dura, aunque se sacrifiquen libertades, llegan a defender cinco de cada diez encuestados. Incluso casi la mitad de los jóvenes (47/37%) considera que a veces un régimen autoritario (una dictadura) permite una convivencia más pacífica.
Según uno de los sociólogos autores del informe, los jóvenes de hoy están muy influenciados por mensajes ideológicos extremos, antes inexistentes, que intentan apartarlos de la democracia. En los últimos cinco años, los jóvenes que se definen como de izquierda o de centro izquierda han disminuido en unos 12 puntos porcentuales, mientras los de centro derecha o de derecha – ¡vocabulario que me desagrada tanto!- han subido casi 14 puntos.
Los jóvenes de hoy viven una seria aversión a lo que llaman sistema, que no les facilita las cosas, que no les ayuda a llevar a cabo sus proyectos. Ante una desconfianza casi absoluta ante los políticos, otras fórmulas que no son la democracia, como puede ser el autoritarismo, la autocracia o la tecnocracia, les salen al paso tentándoles con sus propias seducciones. ¿No ocurrió algo parecido hace unos pocos años con el populismo de PODEMOS? No parece, sin embargo, que sus soluciones populistas y sus ejemplos de vida conocidos hasta hoy sigan convenciendo a muchos.
Lo que no hay que confundir con el apoliticismo, del que tantas veces se habla. El 40 por ciento de los encuestados han participado en una huelga o una manifestación, y el 30 por ciento en opciones de participación política online.
Se trata tal vez de una generación más pragmática: más urgida por necesidades materiales y por una mayor necesidad de bienestar, del bienestar que goza, mucho más que en generaciones pasadas, la sociedad en la que viven. Todo lo demás -según otro de esos sociólogos-, todos esos valores idealistas que sí tenía la generación inmediatamente anterior, pierden una importancia notable. (…) Van a lo suyo.