Santa Lucía en Unzu

 

                               Por el bello recodo de  Aizoain y por el ya recrecido y populoso Berriosuso, nos desviamos pronto hacia Unzu (¿sitio de hiedras?), en el sur del Valle de Juslapeña, nombre geográfico donde los haya, remansado entre el Sollaundi y el Mendurro, y drenado por el río del mismo nombre, afluente del Arga, y al que  Unzu le envía antes su regata.

Al entrar en el lugar, concejo del Valle, nos saluda un viejo y singular olivo, con sus ramos pacíficos, y pasamos entre sus seis casonas históricas, del siglo XVIII y XIX  y cuatro nuevas, apostadas a los dos lados del viejo camino, ahora carretera.

Hoy, domingo, celebran el Día de Santa Lucía (13 de diciembre), virgen y mártir siracusana del siglo IV, patrona de la vista, venerada por católicos, ortodoxos y luteranos. Subimos, por encima del núcleo histórico, por un camino de hierba mojada, pues ha llovido durante  la noche. Llegamos pronto a la ermita de la santa, contigua al cementerio, guardado por unos abetos, con casa adjunta para el ermitaño y restos de una antigua espadaña. Perteneció al antiguo lugar de Unzu de Yuso ( vocablo castellano viejo, del latín deorsum; hacia abajo), que en 1350 tenía un fuego y era propiedad del monasterio de Leyre, mientras Unzu de Suso (sursum, arriba) tenía siete. En 1427 lo registran despoblado. En fechas posteriores se denomina Unzutegui, Unzubieta, Unzubetia y Unzubeitia (sufijo vasco behe, yuso)  A comienzos del siglo XIX, la  guardaba una serora, nombrada por los de Unzu, que llevaban las tierras.

Hace un poco de frío, y, conforme subimos, vamos entrando en el reciento, nave rectangular con muros de sillarejo, concluida en cabecera recta, cubierta primitivamente con cielo raso y coro de madera a los pies. El año 2014, siendo párroco mi amigo Jesús Mauleón -a quien hoy su feligresía le rinde el último homenaje-, la feligresía de la parroquia la reconstruyó con un poderoso armazón de madera y tejado nuevo. La preside un Cristo en cruz, y la copreside una talla antigua de la Santa, que  llevan hoy desde la iglesia parroquial y la ponen sobre una peana de piedra al costado del Cristo.

La eucaristía del domingo tercero de adviento, ya alegre de por sí, es muy entrañable. El vicario Pedro, peregrino de muchas parroquias de la zona, no solo preside sino que anima muy bien toda la celebración, que acaba con la recitación de un poema de Jesús sobre el pueblo, y la veneración de la reliquia de la santa entre el canto de los gozos de la misma.

Al volver al pueblo, nos espera una mesa comunal con tortillas, queso y otras delicias, regadas con vino, y una amigable charla entre los vecinos de Unzu y amigos de Navaz y Pamplona,  invitados a esta romería del pre-invierno.

Por si algo faltara al aperitivo, terminamos invitados a yantar en casa Etxeberri, hoy de los Aguinaga-Mendioroz, y degustamos, en una alargada y animada mesa, cardo de la huerta, relleno, pollo a la ciruela, queso con frambuesa, flan temblón…

Está claro que la popular santa Lucía, en este caso al menos, nos ha conservado la vista.