Homenaje a Pepe Mújica

 

            Hijo de emigrantes -España e Italia-, hijo de muchas carencias, pronto huérfano de padre, joven izquierdista por varios partidos hasta convertirse en guerrillero tupamaro en 1964. Lo pagó caro en una prisión de condiciones atroces durante 13 años, tras haberse fugado dos veces. Cuando salió de ella en 1985, era un hombre nuevo: antiviolento, con la sabiduría del perdón, la reconciliación y la libertad–disponibilidad.

Lo fue todo en la República Oriental de Uruguay, país puntero de Iberoamérica, que acababa de salir de una excepcional dictadura. Hasta llegar a la presidencia de su país (2010-2016). A su servicio puso en acción todos los valores de su conversión a la mejor democracia.

Austero, llano, solidario, humanista en sus dichos y en sus hechos, fue una excepción, reconocida y aclamada, en toda América, en todo el mundo durante su mandato y después del mismo.

Un dechado del cultivo de los derechos y deberes de hombre. Un sabio antiguo en la Iberoamérica de la democracia joven y renovadora. Un santo laico, como decíamos en España, cuando se sabía qué era santidad y no se confundía laicidad y laicismo.

Respetuoso, ingenioso, sencillo, amable, como no había otro.