Bélgica, «el enfermo de Europa»

Lo de menos es que Bélgica haya superado la marca de los días sin gobierno en un país europeo. Lo peor es que no se ve salida alguna a la crisis. Todos han fracasado esta vez: el observateur, el preformateur, el conciliateur… A lo que tengo ya dicho aqui sobre la situación política de un país que tanto quiero, es que esta vez la responsabilidad mayor recae en el partido que durante muchos años ha sido mayoritario y cuna de grandes políticos begas, el hoy llamado CD&V (cristianos demócratas y flamencos), paralizado hoy por luchas internas de influencia; obnubilado por un nuevo partido independentista flamenco, al que ahora imita (N-VA), que le ha robado brazadas de votos y que hoy es el primer partido en Flandes y en toda Bélgica; dirigido por incompetentes, como es el primer ministro federal en funciones, el impresentable Yves Leterme; sin proyecto político que no sea su nacionalismo cada día más exacerbado…, no le queda más que decir no a todo intento de acuerdo y huir hacia adelante. Unidos antes los dos partidos flamencos en un programa electoral, unidos están ahora en su negativa a la última propuesta de acuerdo presentada por un conciliador socialista flamenco, en medio de una galopante amenaza de crisis económica. ¡Quién lo diría hace sólo unos años! Pero la ceguera y la locura identitaria, que comenzó hace cuarenta años repartiéndose los volúmenes de las obras completas de Santo Tomás o del cardenal Mercier en la vieja Universidad Católica de Lovaina, ha llegado a estos tristes extremos. Tales acontecimientos complican cada día más la misma Unión Europea, una de cuyas capitales es Bruselas, toda una Región belga, plantada en territorio de Flandes, su capital histórica, de lengua mayoritaria francesa, donde trabajan 350.000 flamencos, y cuya población no quiere unirse a la Región de Flandes ni independizarse de Bélgica, de la que es capital también. Todo eso.