Antipapismo

Entre los lemas anticlericales y antieclesiales que nos meten por los ojos, estos días, ciertos periódicos españoles, frívolamente anticlericales, hya muchos que me recuerdan los lemas de manifestaciones y prensa anticlerical y antieclesial del siglo XIX y del primer tercio del siglo XX. El anticlericalismo y antieclesialismo, con sus resentimientos, sus revanchismos, sus odios, tan españoles, están muy vivos aún, aunque sean minoritarios, en la España de hoy. Y el antiteísmo y antireligionismo se añaden a ellos a menudo, sobre todo en los casi siempre feroces comentarios de los lectores anónimos, que abundan en todos los diarios digitales. El mismo papa-teólogo daría poco importancia a las calumnias y diatribas que lanzan contra él, comparadas con las injurias y rechazos a la religión en general y al cristianismo en particular. Las causas de todo esto son varias. Ya he intentado explicarlo en libros y artículos varios. Pero la zafiedad y crueldad de muchas de estas exhibiciones, a pesar de estar uno tan acostumbrado a ellas, todavía me sorprenden y duelen cada vez más.  No nos  hagamos ilusiones sobre nuestro pueblo y nuestro futuro. Ese letrero, que en la manifestación de Barcelona lleva firma de la CNT -la organización más asesina de eclesiásticos y de incendiarios de templos, antes de y durante la guerra civil-: las iglesias sólo iluminan cuando se queman, no sólo espanta a cualquiera, sino que nos hacen retroceder casi un siglo. Cierto que son muy pocos, pero son muchos más los indiferentes y los impasibles.