La Gaceta del Norte, de Bilbao, cuyo consejero delegado era en 1934 el catolicisimo José María de Urquijo, había surgido en 1901 de un grupo de católicos vascos -entre ellos Urquijo-, independientes, carlistas y nacionalistas vascos, que pusieron dinero, organización y entusiasmo a la iniciativa del jesuita vasco J.M. Palacio. En 1911 apadrinaron e hicieron posible el nacimiento en Madrid del periódico El Debate, dirigido por Ángel Herrera, que iba a ser el diario católico por excelencia en España hasta 1936, y uno de los mejores diarios españoles. En 1934, tras el fracasado golpe izquierdista de octubre, la vida política española estaba muy agitada y la división entre las dos Españas al rojo vivo. La Gaceta se unió entonces al coro de la prensa monárquica y tradicionalista, que acusaba a los nacionalistas vascos de haber evolucionado hacia el «izquerdismo social», lo que era en parte cierto, si a lo social se referían, y menos cierto, si a lo político. A lo que respondió con dureza Euzkadi, el diario oficial del PNV: En La Gaceta del Norte hay hombres que pertenecen a Acción Católica. Todavía, a pesar del tiempo transcurrido [desde la aparición en 1931 de la «Quadragessimo anno»], estamos por leer en La Gaceta no ya una defensa de los postulados socialcristianos mantenidos en la encíclica de Pío XI, sino ni siquiera la menor divulgación de ellos. Su obligación de periódico católico no le exigía otra cosa que divulgar y defender esos principios de la doctrina social católica. Esto no es derivar hacia el izquierdismo social: eso es eludir de intento la doctrina social de la Iglesia cuando ésta perjudica al bolsillo, contribuyendo a que las masas ignorantes de esa preciosa y redentora doctrina que, sin destruir nada, tiende a elevar a todos los hombres, se marchen a otros campos, marxistas o comunistas, dejando en su antesala la religión, la espiritualidad y todos los los valores morales que tanto dice defender La Gaceta del Norte. Y aludiendo a la acusación susodicha en la pluma de un redactor anónimo del diario católico bilbaíno, continúa el órgano nacionalista vaasco: Quien con positiva obligación de predicar esa doctrina social cristiana no lo hace, quien mantiene un silencio durante años y años, inadmisible bajo todos los puntos de vista, no puede acusar a un partido que, como el nacionalista, es el único, el ÚNICO, que, en el pueblo vasco, desde su periòdico, desde sus tribunas y en toda ocasión divulga y enseña las doctrinas sociales de la Iglesia.