Y, si, dejándonos de partidismos, prejuicios, animadversiones particulares, encomendáramos a Mari Carmen al Dios de vivos y no de muertos, y aprendiéramos lo mejor de su caso, dejando a un lado lo que no pueda ser tan ejemplar e imitable, e intentáramos aplicarnos el cuento que nos toque a nosotros mismos y a los otros…?