50 años de «Río Arga»

 

                    Aunque no suelo recoger aquí cosas escritas en otros medios, hago una excepción con motivo de haber celebrado ayer los 50 años de la revista  de poesía Rio Arga, en el tercero de los actos organizados por la dirección de la revista en este mes de septiembre. Y, cuando me tocó el turno, esto tuve el honor de decir:

-«Querida gente. Maiteok. Celebramos hoy, es decir, conmemoramos en multitud, en muchedumbre, en inmensa minoría, los 50 años de la revista. Celebramos los cientos de poetas que han escrito en ella; entre otros, mis queridos cofundadores Hilario, Ángel, Jesús, Jesús y José Luis, que nos acompañan hoy desde el cielo de Dios. Celebramos los miles de lectores que nos leyeron y nos escucharon. Y celebramos sobre todo la misma poesía.

Ese «lenguaje distinto»,  que utilizó el hombre primitivo tras el grito y la canción. En el que están escritos los arcaicos mitos humanos: la interpretación pre-científica del universo; las máximas primeras de la moral universal, y las primeras y hermosas bellezas literarias. Los más bellos libros de la Biblia están en verso, y los primordiales consejos de Jesús de Nazaret y de los cuatro evangelistas -voz de sus cuatros grandes iglesias- están dichos en parábolas, un lenguaje afín a la poesía y que tiene como base la poesía: el lenguaje más apto para hablar de Dios y con Dios.

Muchos siglos antes de los grandes teóricos de la poesía: Hölderlin, Heidegger, Borges, Octavio Paz, o nuestros Carlos Bousoño o Ángel Valente, el filósofo Platón, inspirador de toda la filosofía posterior, el mismo que expulsó por peligrosos, a los poetas de su comunidad política ideal, decía esto en su diálogo socrático Ión:  el poeta «es una cosa leve, alada y sagrada». Llama a los poetas «seres endiosados y posesos», «intérpretes de los dioses, poseídos cada uno por aquel que los domine»:

Esa «predisposición divina», ese «poder divino» es el que estamos celebrando hoy. Junto a las artes hermanas de la poesía literaria: la poesía del tiempo y el sonido, la música que acompaña a varios de estos poemas seleccionados o los acompañará en el futuro. O la poesía del color  y de la forma,  la pintura, la de nuestros 160 ilustradores…

En definitiva, celebramos las más altas bellezas del mundo. Y también un enorme anhelo de justicia mundial.

Nada menos.»