Que un sacerdote teólogo católico y polaco, como Krzystof Charamsa, miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y miembro de la Comisión Teológica Internacional, nada menos, se declare gay y aparezca en público con su novio catalán, aparte de la falta de delicadeza para con el papa y sus colegas vaticanos, en vísperas del Sínodo sobre la familia, y de la falta de sentido común en las formas, no es una broma y es todo un indicio de lo mucho y grave que está pasando en la Iglesia. Sobre todo esto le preguntan al católico seglar chileno Benito Baranda, presidente de la ONG América Solidaria y experto en atención a las personas que viven en contextos económicos difíciles, director también de un seminario organizado por el Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia. dependiente de la Universidad Pontificia Lateranense de Roma. Y Baranda dice cosas comno éstas: Durante mucho tiempo la Iglesia castigó al matrimonio, lo consideró un remedio para la concupiscencia y no un camino para la santidad. La Iglesia va abriendo los ojos si es capaz de ver los signos de los tiempos. Para la familia tradicional la mayor amenaza es la violencia y la falta de amor. Un tercio de matrimonios se divorcia: la amenza más grande es, por tanto, que somos incapaces de amarnos y de aceptarnos (…) No sé si es tiempo de juzgar o de condenar a otros. No soy parte de eso. (…) Por supuesto que con el tiempo la Iglesia cambiará su postura respecto a las uniones gais. La Igesia tiene que que cambiar sus vínculos con las personas. Hasta 1993, un Estado católico como Irlanda condenaba a los homosexuales y hoy permite que se casen. Podemos modificar la realidad a través del ejemplo y del testimonio, no de la condena, o de vincularnos tanto con el Estado para que las leyes sean las opresoras, que acabemos casi en un Estado teocrático.