¿Por qué nos tiene sobrecogidos y fraternalmente esperanzados durante tantos días el rescate de los 33 mineros chilenos atrapados en la mina San José? Porque, acostumbrados como estamos a tantas catástrofes naturales o técnicas en todo el mundo, estamos esta vez asistiendo en directo, con más resposo y atención que nunca, al éxito común del hombre sobre la naturaleza azarosa y sobre cualquier fallo o fracaso del hombre, siempre limitado. Es toda una celebración mundial, gracias a la televisión y a la red, junto a los mineros valerosos, las familias anhelantes y generosas, el pueblo de Chile, los ingenieros y técnicos de muy variada nacionalidad… Es la noticia principal por encima de cualquier otro suceso, por importante que sea, en el mundo. Una fiesta de la comunidad universal, esta vez en el gozo compartido y en la esperanza solidaria humana.
