«El disputado voto del señor Cayo»

 

                      Ahora que se abre una nueva precampaña electoral, volvemos a ver la película de Antonio Giménez Rico. También la de Miguel Delibes,  de Francisco Rabal, Juan Luis Gallardo, Iñaki Miramón, Lydia Bosch…

Todo se nos vuelve operación  nostalgia, a los  casi 50 años de aquella primera campaña, cuando éramos jóvenes, como aquellos ingenuos candidatos del PSOE burgalés, y había alcaldes tan dignos y maduros como el señor Cayo .

Con cosas parecidas y otras muy distintas, y con un mundo rural casi desaparecido del todo, comparado con el de la novela y la película. Nos dan ganas de escribir, como Rafael, también nosotros en cualquier pared: V. V. Vota, en honor de aquel Víctor ejemplar.

Y en medio de la nostalgia (dolor del regreso), la salida en camilla  hacia el hospital del señor Cayo, símbolo de un mundo en desaparición, se añaden en la oscuridad de las calles del concejo los ladridos, casi aullidos del perro fiel que se queda sin amo, tan agudos, constantes, metálicos, doloridos y desgarradores, que no me los puedo quitar de encima, hasta que la flauta de pico de Carlos Vallès y el clavecín y órgano de Juan de la Rubia, en el concierto The Devil´s Pipe  (Pompaelo Antiqua) del refectorio gótico de la catedral de Pamplona, me liberan de ellos.