¿Una generación pragmática?
Cuando se les pregunta por la importancia de la religión en sus vidas, en ediciones anteriores se circunscribía a situaciones de desesperación, como la muerte o la enfermedad. Hoy, en cambio, en esos momentos pero también en situaciones de felicidad, alegría y diversión. Así, por ejemplo, dicen que la religión influye en sus decisiones en materia política, en su vida sexual, en sus proyectos vitales, a la hora de tomar un decisión mayor, en sus fracasos, y, no digamos en los momentos difíciles o con ocasión de la muerte de un ser querido, tres o cuatro veces más que en 1994 o en 2004.
Lo sociólogos de la encuesta califican esta generación de pragmática, materialista e individualista en relación con los valores que priman en su día a día. Así salud (75%), familia (71%), dinero (59%) y tiempo libre y ocio (56´2%) están en sus prioridades. Desaparecen de estos primeros puestos: el medio ambiente -cuya gravedad muchos consideran exagerada-, la igualdad social o la igualdad de género. La amistad y la familia son el centro de sus intereses.
La educación pasa también a un segundo plano. La desigualdad de origen sigue pesando mucho en su situación educativa, así como, en menor medida, la calidad de las relaciones entre progenitores o la estabilidad familiar: 17 puntos menos en relaciones de conflictividad. Por motivos económicos, muchos se ven obligados a abandonar los estudios.