Archivo del Autor: vmarbeloa

Católicos ante la bioética (II)

 

         Discurre Garrido también  sobre la limitación del esfuerzo terapéutico (LET), sobre la sedación paliativa y el rechazo de ulteriores tratamientos, puntos más o menos reconocidos, aceptados y utilizados por la gran mayoría de creyentes. La LET y la sedación, en el contexto de una enfermedad progresiva, cuando tiene por finalidad eliminar el sufrimiento, tras haberse hecho esfuerzos por otros medios para controlarlo, no causan la muerte, sino permiten que la enfermedad siga su curso. Disminuyen también, aunque no hacen desaparecer para muchos la necesidad de plantearse el escenario de la eutanasia. Ayudan a acortar la muerte sin acortar la vida. Más arriesgado es el nuevo paso ante la eutanasia y el suicidio asistido, hecho en principio impensable desde el concepto esencial de las profesiones sanitarias. Garrido piensa que adquiere sentido valorar y debatir su admisibilidad, siempe como excepción, cuando se produce en un contexto de sufrimiento que no puede aliviarse de otra manera y dentro de un principio también muy importante para los profesionales, que es el de “no abandono“. Reconoce que en ese contexto se encuadran algunas noticias de estos últimos años que causaron impacto en el entorno creyente cristiano, como la declaración del Instituto Borja de Bioética, la aplicación de la eutanasia en los hospitales de los Hermanos de la Caridad en Bélgica o el apoyo a la muerte asistida argumenado por Hans Küng en su libro Una muerte feliz.

Católicos ante la bioética (I)

 

   El trabajo de  Juan Antonio Garrido, especialista en Medicina interna y experto en Bioética sanitaria, publicada en el nº. 3.068 de VN, me parece un resumen  cientificamente serio y socialmente ajustado, que puede tener en sus manos un católico ilustrado español en busca de la verdad en el delicado y complejo campo de la bioética. Garrido piensa, por ejemplo, que, aunque  no todo lo moralmente reprobale es delito ni la despenalización supone estar haciendo un juicio moral positivo, es poco clarificador hablar del aborto como un derecho, algo muy distinto de que la sociedad decida asegurar los medios para que los casos despenalizados se lleven a cabo con seguridad. Y en este  campo de la despenalización del aborto sostiene que los cristianos podemos y debemos enriquecer la ética cívica exigiendo, con argumentos, esfuerzos para evitar embarazos no deseados, haciendo un trabajo pedagógico en este sentido ante el elevado número de abortos en España, y sobre todo ante la menor valoración de esta cuestión en nuestra sociedd.Pero, si este esfuerzo debe incluir conocimiento y facilidad de acceso a métodos anticonceptivos, hay que hacer por fuerza  una reflexión sobre los mensajes relacionados con la penalización moral del usod el preservativo, aunque esa penalización tenga ya escasos efectos incluso entre los católicos hechos y derechos. Garrido la hace de la manera más fina, apuntando sólo los daños generados hasta aqui  por esa penalización rigurosa y desacreditada, a la vez que alude a la falta de adaptación a  nuestro tiempo de la respuesta evangélica a las las necesidades de las personas.

Primer domingo de Cuaresma

 

         El nuevo Adán, que es Jesús de Nazaret, también aparece tentado al comienzo de su vida pública,  Hombre perfecto, y semejante a nosotros menos en el pecado, tenía que ir superando los halagos de los instintos tiránicos de poder, poseer y placer: las tres idolatrías que desplazan a Dios de nuestra vida. Jesús las vence en el desierto, símbolo del  esfuerzo y de la ascesis a lo largo de toda su vida, con el ayuno, la oración, la austeridad de costumbres, y, sobre todo, con una solidaridad constante y proactiva al servicio de la gente, manifestada de manera especial con los enfermos, los proscritos de la sociedad, los pequeños, los últimos.

Los obipos de Cataluña

     Leo en Catalunya Cristiana que los obispos catalanes, en la nota publicada con motivo del comienzo de la Cuaresma, aluden a muchas cosas, elementales y sabidas, como el problema político catalán, la concordia, el diálogo, la pluralidad de la sociedad, la democracia, la necesidad de un gobierno…, pero no aluden para nada a lo más importante ocurrido en los últimos meses en Cataluña: las graves infracciones y violaciones de las  leyes, del Estatuto, de la Constitución y del Estado de derecho. Parece que les importara un comino el Estado de derecho, en el que viven, al que deben respeto y obediencia, y por el que, en buena parte, son lo que son. Tan partidarios del diálogo, parecen olvidar que la ley, que toda ley incluye muchas horas de diálogo y que quienes se saltan las leyes se saltan asimismo toda posibilidad de diálogo. No mencionan siquiera, al mencionar la crisis económica y social que vive Cataluña, el grave deterioro de la economía, la fuga de empresas y sobre todo la fractura social y política que ha traído el independentismo ilegal, unilateral, extremoso y hasta ridículo de una parte de la población. Se refieren, compasivos, a la prisión preventiva de algunos antiguos políticos y líderes de opinión, pero no a las causas que los llevaron a esa situación, Y siguen sin hacer la más mínima mención de la injusticia y grave daño para todos que supone la campaña agresiva y constante de una parte de la clase política catalana por separarse de España y el movimiento de aversión y odio que generan hacia un País, donde algunos de los prelados han nacido, han pasado media vida y han ejercido su sacerdocio y episcopado, caso del cardenal de Barcelona y del arzobipo de Tarragona, entre otros. Se dicen ciutadans d´aquest pais (¿de cuál?), y no se atreven a decir que lo son propiamente sobre todo de España, a cuya Conferencia Episcopal pertenecen, además de ser pastores de la Iglesia que camina en Cataluña, Finalmente piden a los fieles lo que ellos son incapaces de hacer, por miedo, como tantas veces en la historia, a su inmediato cerco político. Y acaban pidiendo también a Dios que haga lo que deben hacer ellos mismos, sin endilgar a la Divinidad lo que es deber de los hombres en esta vida, aunque les  cueste caro .¡Pobres diablos!

Cistercienses en Navarra (y II)

 

           Ya no huele a granjas de cerdos ni a establos de vacas en el atrio del monasterio cisterciense de Santa María de La Oliva (s. XII-XIII). Ni el establo ni la granja, seculares y un día rentables, existenn ya. Pero, al entrar en la bellísima iglesia gótica -similar a las  deValbuena, Flaran o Fontfroide-, sí huele a bodega sin vino. La delicada luz natural, que penetra por las cinco ventanas abocinadas del ábside, apenas si nos deja ver el reducido muestrario de pencas, piñas, monstruos y hojarascas de los capiteles. La bodega del vino, harto reputado por cierto, y la quesería están un poco más lejos de la paz y del silencio monásticos.

En la iglesia abacial, hoy parroquial, de Fitero -dentro de la tradición de Clairvaux, Pontigny o Poblet-, la luz nos llega por los grandes ventanales abocinados de las naves, los más reducidos de la girola, y los rosetones en los brazos del crucero y del hastial, haciéndose universo de gloria limpia, recogida en la desnudez arquitectural.

El puro y maduro enramado de esbeltas columnas y bóveda de crucería, sobre el ancho tronco de pilares cruciformes y potentes pilastras, nos sobrecoge. Nos transporta al silencio fervoroso de las esferas, a la contemplación de la unidad más varia, al gozo que salta del corazón y, antes de volver a él, recorre el claustro.

 

Cistercienses en Navarra (I)

 

         De la mano de las abadías francesas de Citeaux o Scala Dei, el Císter plantó, a mediados o finales del siglo XII, sus  monasterios navarros de Fitero, La Oliva, Tulebras, Marcilla e Iranzu. para que  fueran centros de oración, de culto y de trabajo manual, en un régimen de silencio y austeridad, lejos de los modos mundanos de Cluny.

Pero, poco a poco, las muchas donaciones, los muchos dominios temporales, el poder político y los abades comendatarios fueron deformando aquel primer espíritu regenerador.  Y sólo, tras exclaustraciones, expulsiones y desamortizaciones, pudo volver a La Oliva (1927) la primitiva obediencia, que había resistido en el Císter femenino de Tulebras y había trasplantado en una vieja granja  de los monjes, ya desaparecidos, de Iranzu, el nuevo monasterio femenino de San José de Alloz (1917), con monjas venidas desde Ávila.

El Císter quiso ser un nuevo aire de vida. Tambien del arte. La iglesia de una sola nave, y sin la cubierta original, de Santa María de la Caridad, de Tulebras, es la más sencilla y románica de todas las cistecienses de Navarra. Fue este el primer monasterio femenino de la Orden en España, fundado aqui con especial intervención del rey navarro García Remírez en 1157, y unos años antes en Tudela. En el nuevo Museo de pinturas y esculturas se recoge parte de las rica historia cultural de la comunidad.

Cuaresma-Cuarentena

 

         Cuarenta días duró el diluvio, en tiempos de Noé. Durante cuarenta años comió maná el pueblo de Israel hasta llegar a la tierra prometida de Canaán. Cuarenta días estuvo Jesús en el desierto de Judea. Cuatro cuarentenas encontramos a lo largo del año litúrgico. Cifra simbólica de purificación, de prueba, de preparación para lo divino, como este tiempo de Cuaresma, que nos prepara para la Pascua. Es el desierto otro lugar simbólico tras la salida del  simbólico Paraíso adámico, y hasta de las “ollas de Egipto”, evocadas con nostalgia en los duros días del calor y del hambre del éxodo. El desierto de la prueba y del esfuerzo personal y colectivo, pero tembién del silencio, de la contemplación, del examen, de la libertad, de la intuición del Absoluto y de la plegaria al Dios personal. La vida en el desierto  aparece en los Profetas como un ideal perdido. Era el tiempo en que el pueblo de Israel, todavía joven, no conocía a los dioses extranjeros y seguía fiel a Yahvé, presente en la nube. En el desierto fue donde Yahvé conoció a Israel.  Hablando del pueblo elegido como de una esposa infiel, dice el profeta Oseas: Por eso voy a seducirla, voy a llevarla al desierto, y le hablaré al corazón (Os. 2, 16).

Por la nieve: Valle de Goñi

 

 

Se había colgado la nieve en las laderas
del Txurregi, el Txargaitz,
los Altos de Goñi y Peña Blanca.

Y hasta allá subimos, lucívoros,
por contemnplar de cerca el fulgente resplandor.

El poblado de Goñi era un nido silencioso
de casas de nieve.

Aizpún nos mostró sus palacios medievales.
almenados de nieve.

Y Azanza era todo un fortín
sitiado por la nieve.

Los verdes herbales de febrero
compartían con la nieve la planicie cereal,
y era verde y blanca, inmaculada,
la bandera del Valle de Goñi.

Los Altos de Artesa y Zoiola
los había borrado la nevisca.

Bajamos entre coros de hayas,
albinas, monacales,
que habitan la Sierra de Saldise
y el Puerto de Ulzurrun.

Pasaba el Udarbe sonoro,
compacto y nival.
puro extracto de los bosques de nieve.

“La casa de mi padre”

 

       En relación con lo que escribí ayer sobre el día de las víctimas de ETA, traigo hoy el poema en prosa, publicado en el último número de Río Arga, de Francisco Javier Irazoqui, un exquisito poeta y prosista de Lesaka, residente en París. No sólo nos da una versión humanizada y actualizada del célebre poema de Gabriel Aresti, monopolizado casi siempre por una sola interpretación, sino tal vez diferente también de la interpretación del mismo Aresti;

Desde la vivienda primera se veía el miedo y después el color verde del paisaje.

Ahora digo;

Defenderé la casa de mi padre contra la pureza y sus banderas ensangrentadas.

Para defenderla, regalaré cada una de sus piedras, ventanas y puertas. Las recibirán quienes no piensan como yo.

Los nuevos habitantes airearán solivos y escaleras; alzarán el vuelo bajo de nuestros espíritus,

Defenderé la casa de mi pàdre abriendo una brecha en el tejado; por allí gotearán los idiomas y músicas venidos de tierras desconocidas o remotas.

En la defensa de la casa vaciaré el orgullo con que dibujamos una frontera de árgomas mojadas.

Descompuestas las paredes, ningún adversario vivirá ovillado en el nombre de un animal.

Sólo  veremos un clavo enfermo en el sitio donde estuvieron las frases de quien justificó el crimen político. El silencio ha desnudado a los que callaron ochocientas veintinueve veces.

Sin enemigos, el poeta Gabriel Aresti se recostará aliviado en la nobleza de los lobos.

Ofrecida  la casa, impediremos que en el espacio de su ausencia  y memoria los hombres sean extranjeros.