Una de mis mayores conmociones en mi estancia romana, que llega a su fin, ha sido la visita a mi querido palacio Altemps, donde residí de 1958 a 1962, y haberlo encontrado convertido en una de las sedes, la más importante, del Museo Nazionale de escultura romana (1997), que ante visitábamos, parcialmente, en el Museo de las Termas de Diocleciano. Recorrer despacio todas las estancias de mi Colegio entrañable y verlo poblado por las piezas señeras del Gálata suicidándose, de la Venus de Cnido, del Nacimiento de Venus o del sarcófago de la guerra contra los galos, amén de un sin fin de Hermes, Apolos, Martes, otros dioses y diosas, y torsos de romanos célebres… no es fácil de soportar. ¿Éste era el colegio donde yo estuve?, me decía de continuo. He preguntado a unas jóvenes restauradoras que trabajan todavía en una de las estancias y he visto que ha sido enorme la labor de limpieza y restauración del viejo palacio, construido para los Riario a finales del siglo XV, residencia luego de embajadores españoles, reconstruido desde 1568 por el cardenal austriaco Marco Sittico Altemps (Hoheems, en alemán), sobrino de Pío IV, y devenido, después de muchas peripecias, Colegio Español en Roma, de 1894 a 1971. A las pocas piezas que se conservaban del palacio renacentista, se ha añadido la riquísima colección Ludovisi y la también la notable colección Mattei, de escultura egipcia. Recordaba yo los dos Hermes en el patio, algunas estatuas, los frescos de la logia, y poco más. Ahora casi todas las estancias están decoradas por frescos, algunos de ellos bellísimos, brilla el variado artesonado o los dibujos de los techos, y parece que de un momento a otro va a pasar el mundano cardenal renacentista, hijo tercero de Wolfgang, condottiero austriaco -el macho cabrío por divisa-, general de los ejércitos de Carlos V, y cabrío él mismo. El único sitio casi intacto es la capilla, con sus bancos, sus ángeles revoloteadores del techo, y el lujoso sepulcro del duodédcimo papa, el sirio San Aniceto (155-166). Leo en unas notas históricas sobre la estancia que el duque de Altemps, quien consiguió, el año 1604, el traslado del cuerpo del mártir desde una de las catacumbas de Roma, hizo pintar en las paredes de la capilla a dicho papa con los trazos de su propio padre, condenado a muerte por adúlltero a manos de la justicia pontificia. Se non é vero, é ben curioso.- Cuando la madrugadora noche de noviembre se ha cerrado sobre el palacio Altemps, estaba yo casi solo visitando el inmenso palacio, he sentido sobre mi todo el peso de la belleza tremenda de la antigüedad, ese síndrome de la belleza que se ha dado en llamar 4 síndrome de Stendhal. Al salir, he vuelto a escuchar aquel murmullo familiar del agua de la fuente del patio, ahora entre los dos Hermes que la guardan, y que un día nos guardaron a nosotros, jóvenes hijos de Roma.
