Un percance casero, imprevisto, me obliga a quedarme, regresando de Paderborn, un dÃa en Bilbao y me impide llegar a la cita diaria con mi bitácora. Una fecha después, no puedo menos de referirme a la ciudad westfálica hermanada, que traigo muy viva en la memoria cordial, y a ese programa “Adviento en Paderborn”, que nos preparó nuestra hermana mayor, la sociedad hispano-alemana de allÃ, presidida por el infatigable Pablo Rivero, tan boliviano y español como buen alemán. La matinée en el Rastkeller, con los tres miembros honorarios, entre ellos, nuestro ex presidente José Javier Gortari; la misa del domingo y el almuerzo en el imponente Liborianum, donde nos hospedábamos; la tradicional y bella fiesta de Adviento, junto al cÃrculo húngaro-alemán, en la iglesia de Weiberg, en Büren, a una hora de autobús recorriendo la Westfalia otoñada, con el Kafé trinken consiguiente… Y luego, nuestras visitas personales a la ciudad entrañable: cripta de San Liborio, iglesias románicas, palacio y capilla de Carlomagno, mercadillo de Adviento y Navidad… Los paseos con Jesús Barrientos alrededor de las murallas de la antigua bastida y la visita mañanera a la gloriosa iglesia jesuÃtica de San Francisco de Javier, el dÃa de su fiesta; el discurso de nuestro presidente Jesús Hernández sobre las sociedades de hermanamiento; las múltiples muestras de afecto y atención de nuestros amigos, conocidos o nuevos conocidos, alemanes y españoles en Paderborn… Dejemos que lo diga la poesÃa, este breve fragmento del poema que escribà allà hace dos años, y que volvimos a recitar, entero, en español y alemán, en uno de nuestros encuentros:
RÃo ciudad, ciudad que el rÃo,
en su fervor de voces manantiales,
congregó en torno a sÃ, y con la ciencia
de la Naturaleza que no engaña,
te hizo nacer, crecer, correr y derramarte,
enseñándote el arte más bello de la vida.
Europeo, navarro y español, yo te saludo,
ciudad hermana, hermanada y hermanante,
manante de hermandad y de belleza,
de historia bien vivida y orientada.